Por Rebeca González Garcete
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En la nación que enarbola la hegemonía de los derechos humanos, hace tan solo 30 años los homosexuales eran perseguidos por la policía. Así lo muestra con imágenes documentales Gus Van Sant al inicio de Milk.
El filme se centra en los últimos años de Harvey Milk, desde que decide “salir del closet": dejar su empleo en Nueva York y mudarse con su pareja a San Francisco. En la calle Castro pondrá su tienda de cámaras fotográficas, que pronto se convertirá -primero- en una suerte de refugio para los gays de la zona y, luego, en un puesto de comando de operaciones políticas.
“Soy Harvey Milk y he venido a reclutarlos”. Así iniciaba siempre sus discursos desde que decidió lanzarse a la política para hacer historia: lograr ser la primera persona abiertamente gay que fuera electa para un puesto público. No le fue fácil y Van Sant muestra esta historia con un aire de documental biográfico, con su toque de siempre: una fuerza visual que roza la poesía.
El guión, la fotografía, así como la música y el diseño de producción son grandes aliados para que Milk se meta dentro de las mejores películas de Gus Van Sant, aunque sea la que más se acerca a la corriente comercial de la que el realizador de Elephant siempre supo mantenerse alejado.
Acostumbrado a trabajar con un elenco no famoso, Van Sant se juega aquí por nombres conocidos. ¡Y vaya que acierta! El elenco realiza un trabajo impecable. Y no solo Sean Penn, también destacan los demás. Sorprende James Franco como la pareja de Milk. Josh Brolin demuestra que no fue casualidad su genial actuación en No country for old men. Le da a su personaje -decisivo para el destino final de Milk- la dosis adecuada de tormento y oscuridad, escondida bajo una fachada de “decencia”. Y Emile Hirsch y Diego Luna también tienen una presencia importante y, especialmente, recordable. Sean Penn se ganó el Oscar por el papel de Milk pero su interpretación va más allá de cualquier premio: es de antología. Penn le da al personaje la dimensión humana que descarta cualquier estereotipo. La fuerza interpretativa cautiva por la naturalidad y profundidad mostrada en cada gesto, mirada, palabra.
Milk rescata para las nuevas generaciones una figura que marcó un hito en la lucha por los derechos humanos. Y lo hace con una fuerza visual e interpretativa que pueden cautivar hasta a aquellos más intolerantes.