Sucesos

Se necesitó un ejército para frenar al loco del volante

 Los testigos de aquel trágico 31 de enero de 1993 relataron el momento en que fue capturado José Vidal Céspedes, que atropelló y mató a siete personas, dejando heridas a otras tantas, en Acahay.

“Algunos decían que tenía una metralleta en su camioneta. Todo el pueblo estaba sumido en el terror por esas horas”, detalló con ganas don Antolín Esteban Meza, quien difícilmente podría olvidar lo que pasó aquel 31 de enero de 1993. Don Antolín fue testigo presencial de la furia asesina de José Vidal Céspedes, que arrolló a al menos 17 personas, de las cuales siete fallecieron.

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Luego de atropellar a sus últimas víctimas, en la compañía Yeguarizo, de Acahay, Departamento de Paraguarí, retomó la ruta que une esta localidad con Carapeguá, con intención de matar a más personas.

Durante las dos horas que duró la escena de terror, los pobladores quedaron ateridos por el pánico, pero lentamente se fueron liberando hasta que algunos incluso tomaron coraje y buscaron hacer justicia por mano propia.

La Policía no daba abasto y los vecinos ayudaron persiguiendo al loco de la Montero en sus propios vehículos, pero la camioneta resistía a cualquier obstáculo.

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Antes de la entrada de la ciudad de Acahay, el hombre se vio rodeado y la indomable Montero se detuvo frente a un cañaveral.

Algunos dicen que un poblador de nombre Félix Jarolín, uno de los que participaron de la persecución, acertó con su pistola 9 milímetros el radiador y el conductor no tuvo más remedio que seguir la huida a pie, internándose en el cañaveral. Otros afirman que fue una piedra en el camino la que averió la tapa del motor.

La Policía pidió ayuda al Ejército y efectivos de la Artillería llegaron de Paraguarí para rodear el lugar. Céspedes no tenía escapatoria; sin embargo, no tenía la intención de entregarse.

“Por ese momento, corría el rumor de que tenía una ametralladora y nadie quiso entrar al cañaveral”, explicó don Antolín.

La calma llegó a los acahaienses cuando los militares lograron someter a Céspedes. Uno de los agentes le dio un golpe en la nariz con la culata de un arma y luego y lo llevaron a la alcaldía; luego, a la Delegación de Gobierno, donde quedó recluido.

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Fuga. Las autoridades judiciales decidieron que sea llevado al Hospital Psiquiátrico, pero un día de noviembre de 1995 escapó del lugar, ubicado sobre la avenida Venezuela, y se refugió en una casa ubicada en Remanso, en la frontera entre Mariano Roque Alonso y Villa Hayes, de donde fue recapturado el 27 de junio de 1998.

Céspedes fue condenado a 25 años de cárcel, que luego se redujo a 22 años. Murió estando preso en el año 2011.

Sobre los motivos que lo llevaron a cometer semejante crimen se tejieron muchas teorías: Desde que fue movido por una posesión diabólica, hasta la más racional, que la violencia se desató por la ingesta de alcohol mezclado con medicamentos que consumía por complicaciones debido a una pancreatitis, enfermedad por la que fue operado días antes de lo sucedido, según él mismo había declarado a los medios de comunicación que se hicieron eco de la tragedia.

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Este fue el vehículo con que el loco del volante mató a siete personas.
Este fue el vehículo con que el loco del volante mató a siete personas.

Perfil sicológico

En la opinión de la sicóloga forense Alma Segovia, hechos como este nos mueven como ciudadanos y nos llevan a preguntarnos: ¿Qué ocurre en la mente del asesino?

Según su experiencia, las respuestas pueden darse desde distintas variables que involucran al ser humano.

“Desde la biología, el fenómeno se ha tratado con la intención de encontrar un fallo en el cerebro de estos individuos. Solo con un error en el funcionamiento de sus cerebros que los haga ‘anormales’ podríamos concebir su maldad”, explicó la especialista.

La sicóloga también menciona que el consumo de drogas y el alcohol actúan como elementos facilitadores de la conducta asesina.

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