Hay cosas que cambian cuando una se convierte en adulta independiente. Pagás tus cuentas, hacés tus compras, tenés opiniones sobre el precio del queso y hasta comparás la factura de la luz con el mes anterior. Y, eventualmente, llega uno de los grandes momentos de la vida adulta: comprarte algo que no necesitás porque estaba barato. “Yo no inventé esta regla. La sociedad me preparó para esto”, admite María Descuentos.
Por eso, cuando llegó Agosto Liquida, hizo lo que cualquier persona responsable haría: salió a recorrer para ver qué había. Su recorrido la llevó hasta González Giménez y ahí entendió que el verdadero peligro de un descuento no es gastar, sino convencerte de que estás ahorrando mientras gastás. “Una entra diciendo ‘no necesito nada’, pero cinco minutos después está pensando ‘pero mirá el precio’ y, diez minutos más tarde, ya encontró una explicación perfectamente razonable para comprarlo”, cuenta.
La cosa se pone todavía más difícil cuando aparecen los electrodomésticos, la tecnología y todo eso que, hasta hace un rato, no necesitabas, pero que ahora parece fundamental para mejorar tu calidad de vida. “No necesitaba cambiar el electrodoméstico, pero estaba barato. No necesitaba ese producto de tecnología, pero estaba barato. Y contra eso, honestamente, hay argumentos muy difíciles de sostener”, reconoce.
En González Giménez encontró descuentos que hacen que algunas compras que venías postergando de repente tengan sentido. Y ahí está la diferencia: no se trata de comprar cualquier cosa solo porque tiene una etiqueta de oferta. Se trata de encontrar algo que realmente querías, que necesitabas o que simplemente te gustó, y descubrir que ahora el precio juega a tu favor. “Una puede ser impulsiva, pero tampoco es irresponsable”, dice, defendiendo su particular filosofía de consumo.
Hay cosas que realmente necesitás, otras que venís mirando hace meses y después están esas que no necesitabas, pero que, por alguna razón, ahora parecen fundamentales para tu existencia. Ese es el verdadero poder de Agosto Liquida: convertir un “no necesito” en un “ya que está barato”. Y si además encontrás una promoción que te permite llevar algo que querías a un precio que te cierra, bueno, tampoco vamos a hacernos los difíciles.
La adultez ya tiene suficientes responsabilidades como para negarnos todos los pequeños placeres. Así que María recorrió, miró, comparó y encontró varias ofertas que le hicieron pensar seriamente en una frase que toda persona debería tener permitida al menos una vez al mes: “No lo necesitaba, pero a ese precio era un crimen dejarlo”.
Y sí, probablemente no sea una filosofía financiera. “Pero es Agosto Liquida. Y yo soy María Descuentos. Tengo una reputación y una publicidad que mantener”, concluye.