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Washington
Cuando los líderes de Estados Unidos resolvieron que había llegado el momento de despreciar a Sadam Husein, se convirtió en el villano perfecto.
Fue astuto y sagaz, parecía peligroso y trastornado cuando efectuaba disparos al aire en actos públicos, un comportamiento inusual en un líder de Estado.
Su ejecución puso final a la historia de un hombre que se benefició de EEUU, a quien desafió después y de quien huyó como un conejo para refugiarse en un zulo.
La captura de Sadam el 13 de diciembre del 2003 representó un inusual triunfo para Estados Unidos en su campaña en Irak. Su ejecución, en cambio, generó temores de que la violencia se intensifique aún más en el territorio iraquí.
Sadam fue vilipendiado por las autoridades estadounidenses probablemente más que cualquier otro dictador después de Adolf Hitler.
Y este es un país con una larga tradición, casi perenne, de personificar como villanos a sus enemigos: Manuel Noriega, Slobodan Milosevic, Moammar Gadhafi, Fidel Castro y Osama bin Laden.
Las autoridades estadounidenses nunca se sintieron cómodas con Sadam, pero lo trataron como un contrapeso útil a la teocracia hostil de Irán.
Irak estaba al menos parcialmente occidentalizado y tenía una presencia laica en momentos en que se incrementaba el sentimiento antiestadounidense en la región. Además mantenía relaciones con los soviéticos, a quienes Washington quería contener.
En la larga guerra entre Irán e Irak, el gobierno de Ronald Reagan ayudó a Sadam a obtener créditos internacionales, restauró las relaciones formales en 1984 y le ofreció secretamente apoyo de inteligencia y militar.
En diciembre de 1983 envió a Donald H. Rumsfeld, que se desempeñó en los gobiernos de Richard M. Nixon y Gerald Ford, a una gira que incluyó una visita a Bagdad y reuniones con Sadam y su canciller, Tariq Aziz.
En 1991 Estados Unidos estaba en guerra con Irak y había formado una coalición de fuerzas para obligar a Sadam a salir de Kuwait, país que había invadido.
Desde entonces Sadam se convirtió en el blanco de las denuncias de Estados Unidos, como patrocinador del terrorismo, como un funcionario que buscaba armas de destrucción masiva, un asesino de curdos, opositores de su régimen y familiares que no le convenía estuvieran a su lado.