12 abr. 2026

Ricardo Flecha, el juglar que inició con su arte y compromiso en un escenario escolar

Ricardo Flecha ha atravesado los años, con su canto y su guitarra, para relatar las penurias y alegrías de esta tierra, inspirado en José Asunción Flores y otros grandes artistas. Lanzará hoy un videoclip en homenaje a Pedro Canoero.

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RICARDO FLECHA.

ARCHIVO

Me llamo Demetrio Ricardo Flecha Hermosa. Mi papá se llama Eladio Ítalo Flecha Hermosa y mi mamá se llama María Magdalena Hermosa. Tengo siete hijos.

Empecé con mi veta artística en la Escuela San Antonio de Padua a los nueve años, en los actos culturales. En ese entonces cantaba nomás, todavía no tocaba la guitarra. Canté Imagine, de John Lennon, Hey Jude, de Los Beatles y también una canción de Palito Ortega.

Realmente fue muy intenso todo para mí, porque sentí, al subir al escenario que eso era lo que yo quería hacer.

La guitarra llega a mí a los 11 años. Mi papá me había llevado junto a Emilio Bobadilla Cáceres, que era profesor de la música paraguaya en ese entonces. Él fue mi primer maestro de guitarra y de canto. Dificultades para aprender a ejecutar la guitarra no tuve.

Realmente disfrutaba muchísimo de todo eso, porque me parecía bastante importante para mi vida. Yo cada vez que me iba a las clases de guitarra era un placer. Tenía más placer yéndome a las clases de guitarra que al colegio y la escuela.

Mi familia fue muy importante con su apoyo para que yo me dedique al arte. Mi papá era un músico amateur. Y él tenía amigos extraordinarios. Por ejemplo, los hermanos Larramendia, que fueron un grupo muy importante acá en Paraguay, que después fue a la Argentina y fue también un grupo muy querido en las noches bonaerenses.

Mi mamá era prima hermana de un gran cantante en aquel entonces, muy ligado a la dictadura, que se llamaba Anibal Lovera. De hecho, visitaba a veces nuestra casa y yo salía a cantar ahí.

Mi papá es un hombre que vino desde los 14 años de San Pedro de Ycuamanduyú montado en un barco. Vino acá y trabajó como criadito en una familia. El vio y sintió los rigores de los yerbales de la zona. O sea, yo tenía el relato desde su voz del sufrimiento histórico de los mensú.

Entonces yo tenía un poco de sentido social que se agudizó realmente en el año 1973, cuando llega a mis oídos el disco de Vocal 2 con arreglo de Óscar Cardozo Ocampo, con canciones de Flores como Panambi Vera, Ka’aty, Minero Sapucai y la primera versión de Despertar.

Tiene también que ver mi hermano Atilio, que estaba en la Facultad de Derecho de la Católica y se reunían con sus compañeros en casa y yo escuchaba todo lo que estaba pasando en la dictadura.

De hecho, yo ya estaba en el Colegio Nacional de la Capital y, en septiembre de 1973, la profesora de literatura me pidió que haga una composición sobre la primavera.

Yo escribí una pequeña composición que se titulaba “Salvador Allende muere para que América siga viviendo”. Por supuesto, eso me costó que el año siguiente ya no me recibieron en el colegio, ya no me anotaron. Fui sutilmente expulsado.

No me llegaron a expulsar de una vez porque un día me caí del colectivo cuando estaba llegando al colegio. Al día siguiente me llevó a clase mi tío, que era jefe de la motorizada de Stroessner.

Cuando me vio llegar el director del colegio con mi tío, no entendía bien lo que pasaba. Por eso no me expulsaron en seco.

Luego estuve en un colegio nocturno, Benjamín Aceval, frente a iglesia de La Encarnación. Encontré un par de amigos, compañeros de colegio que tocaban la guitarra, eran músicos. Después de clases en algunas ocasiones solíamos tocar la guitarra en la escalinata de la iglesia.

A los 18 años empecé mi carrera como profesional con Juglares. Mi papá siempre me inculcó el sentimiento de que teníamos que mirar a los costados, había que ayudar a la gente que no podía.

Mi única forma de ayudar era tratar de cantar las cosas que veía. Por supuesto, que tuve miedo en esos años de la dictadura. Pero cuando uno tiene una cierta edad, tiene miedo, pero también tiene, digamos ese arrojo inconsciente. Sobre todo, viendo todo lo que estaba pasando y me movía el hecho de que algo teníamos que hacer.

En ese momento era cantar. Solía haber más gente en nuestros conciertos que en los mítines de la oposición porque a ellos entraban a reprimirles, golpearles y eran exiliados. Llegué a estar casi dos semanas preso en la Guardia de Seguridad con Héctor Lacognata, un querido amigo que ya no está.

Siempre soy un tipo con esperanza. Creo que son tiempos difíciles, tiempos de reacomodo. Tantos autores como Serrat, el propio Sabina, Silvio (Rodríguez), como Víctor Heredia, otro gran amigo, ya no van a aparecer porque son otros tiempos, otro lenguaje y formas de mirar el mundo.

Eso hace que aparezcan nuevos exponentes con nuevas formas de expresión. Y uno de los más llamativos es René Pérez, de Calle 13, que tiene una lírica diferente y ligada a este tiempo y a los sonidos de este tiempo.

Creo que eso va a ir apareciendo más referentes en la medida en que estos tiempos vayan siendo más oscuros, porque creo que también nos pasó a nosotros.

Un artista, por lo menos como creo que debe ser, es una persona que debe que ser cronista de su tiempo. No puede ser que pases por la vida sin preocuparte por lo que le pasa al otro.

Lo cual no quiere decir que cultive otra música que tenga que ver con la alegría, con el momento que te toca vivir, el paisaje, la gente, los amigos. Pero yo no puedo ser una persona que distrae a gente distraída, definitivamente yo no soy ese tipo, no me gusta.

Entre mis influencias, me quedo con dos figuras de la música latinoamericana en cuanto a composición y compromiso: Silvio Rodríguez y Chico Buarque.

Y uno nacional sería José Asunción Flores. Entre los intérpretes indiscutiblemente Mercedes Sosa, la referente más importante.

Con el disco el Canto de los Karai, prácticamente canté con todos los que eran ídolos de mi niñez y juventud. Y el domingo 22 estaré lanzando un videoclip en homenaje a Pedro Canoero.

Con Mercedes Sosa no solo canté, sino que tuve una larga amistad como de madre con hijo. También pude estrechar la mano de Fidel Castro y compartir largas conversaciones. Creo que me faltó cumplir uno de mis sueños, con quien considera como alguien muy importante: Soñaba con cantar a dúo con Luciano Pavarotti.

Uno de los consejos que siempre tengo en cuenta y que me había dicho Cáceres cuando aprendía las primeras canciones y que me lo recordaban Mercedes Sosa y Óscar Cardozo Ocampo: Si yo canto, tengo que sentir y entender lo que canto y de esa manera transmitir ese sentimiento.

  • Un artista, por lo menos como creo que debe ser, tiene que ser cronista de su tiempo. No puede ser que pases por la vida sin preocuparte por la otra persona.
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