16 ago 2026

Rezar por los difuntos

En este mes de noviembre la Iglesia, como buena madre, multiplica los sufragios por las almas del Purgatorio y nos invita a meditar sobre el sentido de la vida a la luz de nuestro fin último: la vida eterna, a la que nos encaminamos deprisa.

Nosotros, mientras hacemos este rato de meditación, podemos recordar a esas personas que ya han muerto y que siguen estando unidas a nosotros por fuertes vínculos. Examinemos hoy cómo es nuestra oración por ellos. No olvidemos que se trata de una gran obra de misericordia muy grata al Señor.

¡Oh, Dios!, Tú eres mi Dios, yo te busco desde el amanecer; mi alma tiene sed de ti, mi carne languidece junto a ti, como tierra árida y seca, sin agua. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo. ¿Cuándo iré y compareceré ante la faz de Dios? A las almas del Purgatorio se les puede aplicar con especial fuerza esta necesidad y deseo del autor sagrado.

El papa Francisco, al respecto del Evangelio de hoy, dijo: “Este administrador es un ejemplo de mundanidad. Alguno de ustedes podría decir: ¡pero este hombre ha hecho lo que hacen todos! Pero todos, ¡no! Algunos administradores de empresas, administradores públicos, algunos administradores del Gobierno... Quizá no son muchos. Pero es un poco esa actitud del camino más corto, más cómodo para ganarse la vida.

En la parábola del Evangelio, el patrón alaba al administrador deshonesto por su “astucia”. La costumbre del soborno es una costumbre mundana y fuertemente pecadora. Es una costumbre que no viene de Dios: ¡Dios nos ha pedido llevar el pan a casa con nuestro trabajo honesto!

Y este hombre, administrador, lo llevaba pero ¿cómo? ¡Daba de comer a sus hijos pan sucio! Y sus hijos, quizá educados en colegios caros, quizá crecidos en ambientes cultos, habían recibido de su padre suciedad como comida, porque su padre, llevando pan sucio a casa, ¡había perdido la dignidad! ¡Y esto es un pecado grave! Porque se comienza quizá con un pequeño soborno, ¡pero es como la droga, eh! La costumbre del soborno se convierte en dependencia”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, y http://es.catholic.net/op/articulos/10432/el-administrador-astuto.html)