Una verdadera oleada de críticas provocó el video de una entrevista realizada en Montevideo, Uruguay, al paraguayo Neri Olmedo, nuevo integrante electo del Parlamento del Mercosur o Parlasur que asumió su función el pasado lunes, y que se multiplicó en las redes sociales de internet, en donde el legislador regional se mostró incapaz de explicar claramente cuáles serían sus funciones en el organismo.
Olmedo es un conocido político liberal y comerciante de la localidad de Liberación, en el Departamento de San Pedro, y fue incluido en la lista de candidatos al Parlasur por el movimiento interno del PLRA, apadrinado por el senador Víctor Ríos y el dirigente José Pakova Ledesma.
Aunque la críticas tuvieron diversas interpretaciones, algunas incluso de tipo despectivo hacia las personas que se comunican mejor en lengua guaraní, los cuestionamientos de fondo apuntan al sistema de elección a través de las listas cerradas o listas sábana, y a la poca exigencia de los partidos políticos en exigir idoneidad a sus candidatos, principalmente a quienes les toca representar al Paraguay en instancias internacionales.
La situación debería servir, también, para revisar cuál es la utilidad que tiene para un país como el nuestro seguir siendo parte de este organismo, teniendo en cuenta su alto costo y su comprobada ineficiencia.
El Parlamento del Mercosur, más conocido como Parlasur, es una asamblea parlamentaria que tiene el objetivo de ser un órgano deliberativo del bloque de integración regional formado por Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay, Venezuela y, más recientemente, Bolivia. Aunque fue creado legalmente el 9 de diciembre de 2005, el Parlasur comenzó a funcionar el 7 de mayo de 2007, con una sola Cámara, con la misión de sesionar al menos una vez al mes, lo que implica que sus miembros se deben trasladar desde sus países de origen ante la sede en Montevideo.
Lo significativo es que las funciones de los parlasurianos no tienen ninguna incidencia directa en sus respectivos gobiernos y sus decisiones no son vinculantes, pero sí implican un costo elevado en gastos. En el caso paraguayo, se les paga un salario mensual de 32.774.840 guaraníes, lo que implica que por los 18 parlasurianos se gastan anualmente 7.079.365.440 guaraníes, lo que sumado a otros gastos como pasajes aéreos y privilegios de los que gozan también los diputados y senadores, asciende a un gasto de 489.700.000 guaraníes en forma anual.
A más de diez años de su funcionamiento, se puede concluir perfectamente que el objetivo de una asamblea parlamentaria que favorezca a la integración regional no se ha cumplido, convirtiéndose más bien el Parlasur en una apetecida instancia de premio para políticos improductivos, quienes se pasan viajando y cobrando altas sumas de dinero a costa del erario público. Es para pensar seriamente si vale la pena seguir siendo parte del mismo, o si conviene invertir los millones que se gastan en el Parlasur en cuestiones sociales más urgentes.