La intención es recta cuando Cristo es el fin y el motivo de nuestras acciones. Por el contrario, quien busca la aprobación ajena y el aplauso de los demás puede llegar a deformar la propia conciencia: Se puede entonces tomar como criterio de actuación “el qué dirán” y no la voluntad de Dios.
Una mala intención destruye las mejores acciones; la obra puede estar bien hecha, incluso ser beneficiosa, pero, por estar corrompida en su fuente, pierde todo su valor a los ojos de Dios. La vanidad o el buscarse a uno mismo puede destruir, a veces totalmente, lo que podría haber sido una obra de santidad. Sin rectitud de intención equivocamos el camino.
“Reacciona enseguida cada vez y di: ‘Señor, para mí nada quiero. –Todo para tu gloria y por Amor’” .
Vigilancia nos pide el Señor, porque si nos descuidamos, buscaremos la recompensa de aquí abajo, y dejaremos de hacer el bien por cobardía, por respetos humanos, por miedo a la opinión de los demás.
No nos vaya a suceder “como la nave, que ha realizado muchos viajes, y ha escapado de muchas tempestades, pero en el mismo puerto choca contra una roca y se le caen por la borda todos los tesoros que guardaba; así, quien, después de muchos trabajos, no rechaza el deseo de alabanzas, naufraga en el mismo puerto” (15).
Con respecto al Evangelio de hoy, el papa Francisco dijo: La Eucaristía es la cena de la familia de Jesús, que a lo largo y ancho de la tierra se reúne para escuchar su palabra y alimentarse con su cuerpo. Jesús es el pan de vida de nuestras familias, él quiere estar siempre presente alimentándonos con su amor, sosteniéndonos con su fe, ayudándonos a caminar con su esperanza, para que en todas las circunstancias podamos experimentar que es el verdadero pan del cielo.
(Frases extractadas del libro Hablar con Dios, de Francisco Fernández Carvajal, http://es.catholic.net/op/articulos/15676/seor-danos-siempre-el-pan-de-vida.html)