25 may. 2026

¡Queremos que Cristo reine!

Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 19, 11-28.

“Nunca os pesará haberle amado”, solía repetir San Agustín. El Señor es buen pagador ya en esta vida cuando somos fieles. ¡Qué será en el Cielo! Ahora nos toca extender ese reinado de Cristo en la tierra, en medio de la sociedad en que nos movemos: en la familia, en el trabajo, entre los vecinos, en los compañeros de Universidad o de taller, entre los clientes, en los alumnos...

Muy especialmente entre aquellos que de alguna manera tenemos encomendados. “A vuestros pequeños no los dejéis de la mano; contribuid a la salvación de vuestro hogar con todo esmero”, aconsejaba vivamente el santo obispo de Hipona.

El papa Francisco a propósito del Evangelio de hoy dijo: “El significado de esto es claro. El hombre de la parábola representa a Jesús, los siervos somos nosotros y los talentos son el patrimonio que el Señor nos confía.

¿Cuál es el patrimonio? Su Palabra, la Eucaristía, la fe en el Padre celeste, su perdón… en definitiva, tantas cosas, sus más preciosos bienes. Este es el patrimonio que él nos confía. ¡No sólo para custodiar, sino para multiplicar! Mientras en el lenguaje común el término ‘talento’ indica una notable cualidad individual –por ejemplo, talento en la música, en el deporte, etcétera–, en la parábola los talentos representan los bienes del Señor, que él nos confía para que los hagamos rendir.

El hoyo excavado en el terreno por el “siervo malo y perezoso” indica el miedo del riesgo que bloquea la creatividad y la fecundidad del amor. Porque el miedo de los riesgos en el amor nos bloquea. ¡Jesús no nos pide que conservemos su gracia en una caja fuerte! No nos pide esto Jesús, sino que quiere que la usemos para provecho de los demás. Todos los bienes que hemos recibido son para darlos a los demás, y así crecen. Es como si nos dijese: ‘Aquí está mi misericordia, mi ternura, mi perdón: tómalos y úsalos abundantemente’.

Y nosotros ¿qué hemos hecho con ellos? ¿A quién hemos “contagiado” con nuestra fe? ¿A cuántas personas hemos animado con nuestra esperanza? ¿Cuánto amor hemos compartido con nuestro prójimo? Son preguntas que nos hará bien hacernos… Cualquier ambiente, también el más lejano e impracticable, puede convertirse en un lugar donde hacer rendir los talentos…

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal y http://es.catholic.net)