Una cantera inagotable de inspiración en la música paraguaya es la tierra del nacimiento de los poetas y compositores. Decir que esa es su patria chica sería distorsionar la verdad porque, de hecho, esa es su gran patria, incluso por encima del ordenamiento territorial en el que está insertada. Viviendo dentro o fuera de ella, su sensibilidad está atrapada por ese imán que guarda sus recuerdos más gratos, el paisaje que les acompaña en la memoria. A tanto llega esa fuerza telúrica que Sixto Cano, aquel modesto chofer de colectivo en Buenos Aires, venció todos sus temores cuando -tras un encuentro casual con el poeta Antonio Ortiz Mayans en el ómnibus que conducía- encontró la oportunidad de dejar un testimonio de su entrañable amor por su valle lejano y añorado.
Julián Abad Ruiz Díaz -nacido en San Antonio, Departamento Central, el 19 de febrero de 1953- forma parte de esa tradición instalada en el alma de los creadores paraguayos. Sus vínculos afectivos con las letras y la música -además de las circunstancias que fueron dándose en su vida personal- le permitieron plasmar dos obras dedicadas al entorno más amado de su existencia.
Así como el río Paraguay marca la identidad de los sanantonianos, durante muchos años el frigorífico -de ingleses, primero; de los Antebi, después- fue parte de sus vivencias cotidianas, sobre todo para el trabajo remunerado.
“Mi padre trabajó en el frigorífico. Yo también, como changador temporal, primero, y como efectivo, después”, cuenta Julián. Paralelamente, sus estudios de inglés le abrieron las puertas del Colegio Nacional de San Antonio. No solo eso: le dio la ocasión de generar la primera obra suya dedicada a su “rinconcito bendecido”.
“En las clases les hacía cantar a mis alumnos una música de Los Beatles en inglés, una guarania en guaraní -Ñemitÿ, del Dr. Carlos Federico Abente y José Asunción Flores- y me faltaba otra en castellano. Ahí fue que, entre 1980 y 1982, más o menos, tarareé una melodía y luego le hice la letra a Qué lindo que es San Antonio. Era un rasguido doble que cantábamos con los estudiantes”, sigue relatando.
En 1983 tomó el rumbo del Este. Fue arquero del 3 de Febrero. Hoy sigue viviendo en la capital del Alto Paraná. Es profesional contable, abogado y escribano.
Ya había pintado lo que la realidad inmediata le había dictado. Le quedaba, sin embargo, una tarea pendiente: retratar a su terruño desde la nostalgia. Era casi hacer lo mismo, pero el amanecer y el crepúsculo, el espinel y el paku, la fiesta patronal y el baile del Tennis Club -ubicado dentro del Frigorífico San Antonio-, el cine del viejo hotel -también del frigorífico- y las playas son diferentes cuando se los mira con los ojos de hijo ausente.
“El segundo rasguido doble -que llamé Te extraño San Antonio- lo hice ya desde el techaga?u. Tenía lo que ya había puesto en el primero, pero le agregué elementos nuevos. Alguna vez busqué algún compositor para que le pusiera música a mi segunda letra, pero terminé volviendo a hacerlo yo”, dice Abad Ruiz Díaz.
Ambas canciones -grabadas con la magnífica voz de Marco de Brix- ya no le pertenecen hoy a su autor: son de sus compueblanos, los que se sienten expresados en el sentimiento del profesor, quien emigró acaso tan solo para que la añoranza le permitiera duplicar su amor por San Antonio.
Julián Abad, sanantoniano emigrado a Ciudad del Este, canta en dos tiempos -presencia y ausencia- a su tierra de espineles y amaneceres irrepetibles.
Memoria viva
Mario RubénÁlvarez
Poeta y periodista
alva@uhora.com.py
Qué lindo que es San Antonio
Qué lindo que es San Antonio,
pueblo que me vio nacer,
romántica por las noches,
pujante al amanecer.
Rinconcito bendecido
que lo baña el Paraguay,
el aire que allí respiro
no lo puedo comparar.
Por la mañana temprano
el pescador se ve feliz
en su espinel levantando
algún paku o un suruvi.
Los ojos de sus mujeres
destellan al atardecer,
sonriendo con gran ternura
a uno lo hace estremecer.
El río que va corriendo
canta de felicidad
porque al pasar va besando
este suelo sin igual.
Poblado de gente humilde
que sudan de sol a sol,
tal vez no tendrán gran cosa,
pero es puro corazón.
Si alguien elige a este suelo
prendido se queda ya,
no sé si será su cielo
o su gente muy cordial.
Si yo naciera de nuevo
y eligiera el lugar,
yo elijo a San Antonio
a orillas del Paraguay.
El sol que brilla en su cielo
entibia el frío de abril
y el aire fresco del río
apaga el calor febril.
Acercate a San Antonio
a ver si tengo razón,
y verás que sin dudarlo
se te queda el corazón.
Letra y música: Julián Abad
Te extraño San Antonio
San Antonio: te canto yo desde lejos;
en la distancia te quiero más.
San Antonio, extraño esas tus riberas,
tu brisa de primavera,
tu noche fresca, tu atardecer.
San Antonio: yo busco en las madrugadas
aquel silbido que llama a los obreros a trabajar;
tu río poblado de pescadores,
que son vivos precursores
de tu historia y tu tradición.
San Antonio: mi patria nace en tu suelo,
el sol se pone en tu cielo,
tu río es su puente que lleva al mar.
San Antonio: a nadie le envidias nada
teniendo hermosas playas
y dos arroyos que mojan tu piel.
San Antonio: el 13 de junio llega,
tu pueblo en la ribera
a su patrono honrando está;
el río como una alfombra de flores,
canoas de pescadores de mil colores lo vestirán.
San Antonio: qué tiempos inolvidables
aquellas fiestas bailables de primavera
en el Tennis Club.
San Antonio: una cita ineludible,
aquellas noches de cine,
siempre repleto el viejo hotel.
San Antonio: todos tus hijos tenemos
un pedazo allí en tu seno,
donde algún día ahí descansar.
Tu gente que siempre tiene en la mente
la esperanza latente
de que algún día grande serás.
Letra y música: Julián Abad