18 may. 2026

Pulverizar a la Corte

Por Sergio Cáceres Mercado – caceres.sergio@gmail.com

Desde que cayó la dictadura stronista cada inquilino del Palacio de López ha prometido incidir en la Corte Suprema de Justicia, algunos incluso lograron “pulverizarla”, como fue el caso de Nicanor Duarte Frutos. Este último aprovechó el poder que tenía apenas había ganado la presidencia, más el poder que su partido tenía, para hacer uno de los cambios más radicales en cuanto a integrantes de la Corte se refiere. Todos estamos de acuerdo en que aquel cambio es el mejor ejemplo de cómo se pueden cambiar a los ministros de la Corte, buscando a los más serviles para dicho puesto, los que luego pagarán tal favor con más favores en sentencias claves.

Lugo prometió lo mismo e intentó cumplir su promesa, pero no lo logró. No tenía un partido como la ANR que lo sustentase, ni la influencia y los amigos que tenía Duarte Frutos en su mejor momento. Sin embargo, si Lugo lograba cambiar la Corte, ¿qué garantías hubiésemos tenido de que su influencia no haya sido igual de nefasta que la de su antecesor? En los años que gobernó, Lugo demostró tener muchos de los vicios que siempre criticó de sus nuevos colegas políticos.

Nuestras dudas surgen porque sabemos lo venal que es nuestro sistema de justicia, desde sus cimientos hasta la instancia más importante como la Corte Suprema. (El ministro Víctor Núñez afirma en una entrevista que nunca se le ofreció dinero a cambio de una sentencia. ¿Habrá alguien que le crea?). Podemos dudar de la buena voluntad que tenía Lugo, y ahora también podemos dudar de lo mismo con Cartes. Sin embargo, este está perdiendo fuerza rápidamente dentro del partido que alquiló y no posee la cintura política para negociar los cambios.

De lo que no podemos dudar es que nuestro mayor tribunal de justicia deja mucho que desear, no en su preparación jurídica, sino en su honorabilidad y ética profesional. Sin embargo, un simple cambio de hombres difícilmente pueda incidir en el sistema de justicia paraguayo, del cual la Corte Suprema es solamente la punta del iceberg. El cambio realmente debe ser desde una reingeniería sistémica, donde el componente cultural debe ser tenido muy en cuenta.

Nuestra cultura del pokarê, del amiguismo y otras lindezas que ostentamos pueden ser, quizá, no eliminadas del todo, pero sí efectivamente combatidas con importantes ajustes técnicos para evitar la impunidad, destrabar la burocracia que es aliada de las chicanas y una voluntad política que es la única influencia política que debemos rogar que se inmiscuya en nuestro Poder Judicial.