Una mujer sale de la comisaría con una hoja en la mano. Tiene sello, firma, número de expediente. El Estado le dice que está protegida y, sobre el papel, lo está. En cada comisaría, en cada juzgado de paz y en cada mesa de entrada de este país se entrega ese objeto al que le atribuimos poderes que no tiene.
Deisy Paola Giménez Segovia tenía 22 años y todos los papeles en regla el jueves 8 de octubre, cuando su ex pareja la asesinó en Lambaré, a una cuadra de su trabajo.
El papel es la forma que tiene el Estado de dar por terminada su parte. Permite decir que se tomó nota, tomó disposiciones, todo desde la misma oficina.
Así nomás, no hace falta un patrullero, ni una tobillera, ni un funcionario que levante el teléfono para preguntar si la orden se cumple. Basta con firmar, sellar y esperar que el denunciado tenga la gentileza de obedecer.
Deisy radicó la denuncia el 17 de setiembre en la Comisaría 32ª de Posta Ybycuá, tras cinco años de una relación que ella misma describió ante la Justicia: celos, violencia e intimidación.
Salió de ahí con una copia. Al día siguiente, ya tenía la medida de protección, una prohibición de acercarse a menos de 500 metros, llamarla, escribirle, buscarla por redes. Quinientos metros que nadie midió nunca. Ñe’ê rei con sello y firma.
DESACATO
Según relató la jueza de Paz Lidia Fariña, el hombre siguió hostigándola, negó todo en la audiencia y anunció que querellaría a la madre de Deisy por falso testimonio.
Un denunciado que amenaza a la testigo dentro del Juzgado. El aviso también quedó en el expediente. El incumplimiento se llama desacato, y el desacato también se tramita: se comunica, se deriva, se pide que se investigue. Esa comunicación llegó al Ministerio Público el 7 de octubre. Al día siguiente, Deisy salió a trabajar de noche y no llegó.
¿Cuánto tarda un oficio en cruzar de un escritorio a otro mientras una mujer cuenta los metros que la separan de su agresor?
¿De qué sirve prohibirle a un hombre que se acerque si nadie va a ir a buscarlo cuando se acerca? La única que trabajó para que la orden se cumpliera fue quien debía ser protegida.
Deisy denunció, volvió, ratificó, llevó a su madre y a su hermana a declarar. Estaba por recibirse de abogada. Hizo de fiscal, de notificadora y de custodia de su propia causa, que es lo que este sistema les exige a las mujeres antes de fallarles.
LAMENTOS
La jueza de turno ya se lamentó por lo ocurrido. Ya se ordenó una auditoría, que terminará, cómo no, en un informe. No hace falta otro papel, Deisy los tenía todos.
Hace falta un Estado realmente presente: menos conste en acta y más llegamos a tiempo.
Si sos víctima o conocés un caso de violencia contra la mujer, te diría que llames al 137, SOS Mujer. Durante mucho tiempo fue gratuito y atendía las 24 horas en todo el país. Ayer, un medio de prensa afín al Gobierno publicó que se encuentra temporalmente fuera de servicio.
Seguro no tiene nada que ver con que el Ministerio de la Mujer recibe menos del 0,02% del Presupuesto General de la Nación (PGN).