La hora se adelantó sesenta minutos, a la medianoche del pasado domingo.
Al mismo tiempo, y por obra y gracia del presidente de la República, el país atrasó unos cuantos años.
Le explico.
El sábado al fin se dio lo que tantos agoreros venían anunciando y esperando desde hacía meses.
Luis Alberto Riart por fin dejó de ser ministro de Educación.
Con un doctorado en Pedagogía en la Universidad de Bonn, Alemania, y experiencia como maestro, en el tiempo en que trabajó como funcionario público solo se dedicó a hacer lo que deben hacer los ministros: trabajar. Nunca lo vimos con pañuelo al cuello o haciendo política partidaria.
Quizá sea este el destino que le depara a todo funcionario público que hace bien su trabajo. Baste recordar lo que sucedió con Rafael Filizzola y Efraín Alegre hace poco.
Que conste que reconozco que tanto la tarea del Ministerio del Interior como la de Obras Públicas son muy importantes, pero no se compara con las tareas pendientes que tenemos en el tema educación.
Si algún crédito tenía Fernando Lugo, era que les había dejado trabajar a sus ministros técnicos. Por eso, lo que hizo ahora, cambiar un técnico por un político, es una barbaridad. Y significa que Lugo es igual a todos los demás políticos. Es capaz de anteponer la agenda política partidaria, sectaria y particular por encima de la agenda país.
Y en esa agenda país la educación debería estar en primer lugar.
BENEFICIO DE LA DUDA. El que se viene ahora es el tercer ministro de Educación en la era Lugo. Antes de Riart estuvo Horacio Galeano Perrone.
Es cierto que Víctor Ríos merecería por lo menos el beneficio de la duda, pero es parte de nuestro trabajo desconfiar. Además, no debería enojarse si cuestionamos el cambio, ya que él mismo ha dicho sobre Riart que fue “un buen ministro” y que ahora se viene “una etapa pos, que no significa una ruptura, sino una continuación”.
Y desconfiamos porque, ayer, el gran debate del día fue sobre cuál sector del PLRA gana poder con el nombramiento de Ríos.
Por poner un ejemplo, menciono las declaraciones de Camilo Soares, dirigente del P-MAS, quien manifestó que el nuevo ministro de Educación, Víctor Ríos, surge como una figura que puede ser el “puente” para reconstruir la alianza entre la izquierda y el PLRA.
Sobre educación, casi nadie opina. Porque a los políticos en general no les importa. Salvo por el detalle de los 90.000 maestros-votos y el presupuesto de 3,5 billones de guaraníes.
Y aunque la renunciante viceministra de Educación, Diana Serafini, haya señalado que la educación debe ser “blindada contra la política"; y que Carlos Parodi, titular de la Federación de Educadores del Paraguay (FEP), haya lamentado que la estructura educativa esté politizada, y que el cambio de Luis Riart por Víctor Ríos como ministro de Educación es una movida de autores políticos en pasos electorales, igual, nadie les escucha, y menos en el Palacio.
Se vienen tiempos difíciles. Ya están en la puerta: las internas de los partidos con vistas a elegir candidatos para las elecciones del 2013, y por eso, dentro de poco, todo va a girar alrededor de las campañas y los candidatos.
Por eso, y porque este país se mueve por inercia, los grandes temas seguirán esperando.