26 mar. 2026

Piratas con honor

Sobre esto y aquello

Espero que no me demanden por escribir este artículo. O sea por denunciar la piratería de una editorial norteamericana llamada Bibliobazaar, que en forma pirata publica mi novela titulada Caballero. Esto lo puede comprobar cualquiera yendo al sitio web www.amazon.com y buscando, en la sección “libros”, mi nombre. Allí se ofrece una edición pirata de Caballero, con fecha de edición 2007, y con un precio de 42,78 dólares (algunas ediciones piratas de Caballero se vendieron a más de 100 dólares). Las ediciones legales de Caballero se venden en Asunción por 50.000 guaraníes.

Es mejor buscar con el nombre y no con el título, porque existen otros libros con el título Caballero; algunos de ellos publicadas después que el mío, pero no voy a quejarme por el título.

Lo que me molesta es que la editorial Bibliobazaar haya hecho ocho ediciones piratas a partir de 2007, que se pusieron en venta en 30 países sin siquiera avisarme. Yo me enteré del asunto a fines de 2010 cuando mi hermana Carolina, gran exploradora de internet, me informó sobre las ediciones piratas.

Pedí ayuda al prestigioso estudio jurídico Peroni, Sosa, Tellechea, Burt & Narvaja, que no me cobró nada por sus gestiones. Le estoy muy agradecido; caso contrario, el impacto de la piratería en mis finanzas hubiera sido mucho mayor.

Se encargó del caso la doctora Mariana Peroni, quien se puso en contacto con los socios norteamericanos del estudio, los abogados de Kilpatrick Townsend, quienes pidieron explicaciones a Bibliobazaar.

Los de Bibliobazaar, muy sorprendidos, dijeron que ellos no eran piratas. Cuando se les presentaron “las pruebas de la infamia”, como dice el tango, terminaron por ofrecerme unos 90 dólares como derechos de autor. Ínterin Andrew Nickson, con honestidad y antipatía bien inglesas, puso en el sitio web de Bibliobazaar una denuncia de la piratería. Los de Bibliobazaar se pusieron furiosos, anduvieron tras la pista de Nickson (ellos no son piratas ndaje) y me hicieron decir a mí que me cuidara con llamarlos piratas. En otras palabras, que me podían demandar.

Yo no acepté los 90 dólares, una insignificancia por las ocho ediciones. La mediación de los abogados norteamericanos me costó unos 3.500 dólares (precio de amigos, pues los honorarios son mucho más altos en EE. UU.).

Para colmo, tuve que comprar algunas ediciones piratas de Caballero, para tenerlas de prueba. Y allí terminó la cosa, porque no tengo dinero para iniciar un juicio en Estados Unidos, que exige un mínimo de 30.000 dólares.

No es consuelo no ser el único estafado: al investigador Javier Jubi le hicieron lo mismo, y otros compatriotas más cayeron en la trampa de la piratería internacional.

Mal de todos, consuelo de tontos.

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