20 may. 2026

Perplejidad de un sueño

Por César González Páez - cesarpaez@uhora.com.py

Esto pertenece a una anécdota que narró el escritor argentino Jorge Luis Borges: Cuenta que cierta vez su sobrino le comentaba que había soñado con él.

Le contó que en su sueño lo vio que estaba en una cabaña de madera y de repente le preguntó: "¿Qué hacías allí?”.

A Borges le sorprendió ese salto del sueño a la realidad, como si nosotros supiéramos o fuéramos protagonistas voluntarios del sueño de los demás.

Esa perplejidad lo acompañaría en varias oportunidades como una pregunta existencial, si estamos viviendo la realidad o somos parte de un sueño que nos trazan los demás.

Algo similar le aconteció cuando era director de la Biblioteca Nacional: un señor se presentó con una carta para un autor que había fallecido como cien años atrás. Resistiéndose al paso del tiempo, el hombre dejó la carta para que se la entreguen cuando lo vieran. Porque para él, ese hombre estaba vivo, pues se había emocionado con una obra suya.

Para ese lector, si ese escritor era capaz de generar tantos sentimientos, no podía estar muerto.

Otra vez la perplejidad le llevó a Borges a preguntarse si el hombre de la carta era real y los inexistentes eran los que habían recibido la carta y que vivimos en otro tiempo y lugar.

Esto hace pensar que, en el mundo de los sueños, todo es posible y muchas veces estos se hacen realidad, aunque no se crea si se plantea de un modo entendible. Y va un ejemplillo:

Entonces, llegamos a nuestra vida cotidiana y hasta podíamos plantearnos que solo estamos viviendo un sueño. Toda nuestra vida soñamos, que no son otras cosas que la humana ambición que tiene todo hombre y mujer en la vida de alcanzar metas. Sueña que gana una carrera, que se recibe en lo que está estudiando, que la persona que ama le corresponde, y a medida que esas quimeras se cumplen, se van haciendo realidad.

Lo que era un sueño termina con un trofeo o un diploma en las manos o en la concreción de un amor verdadero.

Y eso tal vez sea la vida, un sueño tras otro y nuestros esfuerzos para llevarlos a la realidad.

Se debería pensar, creo, en la frágil semilla del roble que depende de la generosidad de la humedad y la fertilidad de la tierra, para poder crecer y dar con el tiempo el poderoso árbol.

Entonces, cómo no creer en sueños y más en la semilla de este nuevo año que comienza. Amén.