Por Benjamín Fernández Bogado - www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com
Uno de los sinónimos de corrupción es “dejar de hacer”. No realizar lo que se debe en tiempo y en forma es quizás una de las maneras más recurrentes de corrupción en la esfera pública, que a veces cuenta con la abierta colaboración del sector privado que se opone radicalmente a la realización de una obra, necesaria para muchos, porque sencillamente el capricho personal lo impide.
Cómo sería posible explicar, por ejemplo, que deberíamos haber invertido lo necesario para evitar el hazmerreír de ser el país con mayor energía hidroeléctrica per cápita y al mismo tiempo vivir entre cortes y amenazas de colapso del sistema eléctrico nacional. No se hicieron las inversiones por miles de razones con las que los mismos administradores anteriores que ahora cuestionan los resultados se avinieron para mantenerse en el cargo. Nunca hemos escuchado que alguien desde la ANDE se opusiera a la concesión de energía gratuita a miles sin tener la infraestructura mínima para sostener esa expansión. Hoy hablamos que la demanda crece a un 13% con lo cual dentro de una década habremos consumido por completo nuestro cupo de Itaipú, por ejemplo, o que la línea de 500 kV será insuficiente para sostener la demanda en tres años, con toda esta realidad nadie ha levantado una voz afirmando que debemos invertir ya en otra línea similar para sostener la demanda. Además, cuántas veces hemos leído que los propios administradores de la ANDE afirmaban que perdían más de 70 millones de dólares anuales en energía no pagada por conexiones clandestinas y otras razones técnicas. Hoy vivimos el colapso del sistema y nadie parece inmutarse para lograr soluciones de fondo. No parches como los que hemos visto implementarse desde hace un buen tiempo. Un país sin planificación ni respeto a las simples estadísticas no es sostenible y solo puede estar en las estadísticas de la corrupción no solo por lo que hace mal, sino también por lo que deja de hacer en tiempo y forma.
Todos los gobiernos se ufanan de que tenemos energía en abundancia cuando de estimular la inversión local e internacional se trata, lo que no se dice es que la calidad es pésima y que los inversionistas lo saben. Cuando la empresa Enron, que provee de electricidad a California, tuvo un pestañeo de segundos, toda la industria de la informática amenazó al Estado con marcharse dejando sin empleos a millones si eso volvía a ocurrir. Aquí nos hemos acostumbrado al mal servicio y lo que era una buena imagen de empresa pública, hoy la ANDE es igual que la INC, Essap, Capasa y otras que no dan los servicios, se llenan de privilegios y lo peor: nos han acostumbrado a ser malas y dignas de seguir iguales sin que nadie se anime a contestar sus pésimas acciones.
Somos rehenes de una administración ineficaz y corrupta que se ufana de sus peores lacras y que además nos dice que tendríamos que acostumbrarnos a vivir como estamos. Los gobiernos deben hacer lo que está previsto que se haga le pese a quien le pese. Si hubiéramos escuchado las voces agoreras, hoy la Calle Última -única construcción importante de la transición- hubiera seguido siendo un sendero lleno de malezas y con varios muertos en tiempos de lluvia. Hay que hacer lo que se debe si no quieren pasar a la historia como pecadores por omisión y corruptos por “dejar de hacer”.