@Encisoclarisa
Desde la Confederación Paraguaya de Patinaje (CPP), su presidenta Lorena Veiluva destaca que este crecimiento no es casual, sino el resultado del trabajo sostenido de clubes y entrenadores, de una mejor organización federativa, del aumento de competencias y, sin duda, de la visibilidad que dieron los logros de nuestras atletas en el exterior.
Subrayó que, en los últimos años, la Federación impulsó decisiones claves como la capacitación permanente de entrenadores y jueces, la calendarización regular de torneos, una mayor presencia internacional y el acompañamiento a clubes del interior del país. “Nuestro objetivo es que el patinaje siga creciendo de manera equitativa y no solo concentrado en la capital”, señala.
Contar hoy con atletas de nivel mundial representa, para la dirigencia, una confirmación del camino elegido. “Posiciona a Paraguay en el mapa internacional, eleva el nivel técnico nacional y motiva a las nuevas generaciones. Demuestra que desde nuestro país se puede competir de igual a igual con potencias históricas”, sostiene y remarca que la evolución ha sido significativa. “El patinaje artístico forma personas, inculca disciplina, perseverancia y confianza, además de aportar beneficios físicos y emocionales. Por eso vemos cada vez más familias interesadas en este deporte”, refiere.
Bandera en alto. Ese crecimiento institucional tiene su reflejo más visible en figuras como Erika Alarcón, vicecampeona mundial de patinaje artístico y una de las mejores patinadoras del mundo. Con humildad, aclara que los títulos no definen su carrera. “Más allá de ser vicecampeona o estar entre las mejores, lo más fuerte para mí es llevar la bandera de mi país”, destaca.
Alarcón recuerda como una de las sensaciones más intensas de su vida deportiva el estar en un podio mundial junto a potencias como Italia o España y ver subir la bandera paraguaya. “Eso es mucho más gratificante que cualquier puesto. Por ese momento valió todo lo que hice”, expresa.
Su historia comenzó a los 4 o 5 años en Ciudad del Este, casi por intuición, al ver entrenar a patinadoras en una plaza. Tras probar distintos deportes, fue el patinaje el que terminó marcando su destino. A los 19 años se mudó sola a Buenos Aires para entrenar y estudiar, atravesando años difíciles, sin resultados inmediatos y lejos de su familia.
“El sacrificio fue enorme y hubo momentos de duda”, admite. Sin embargo, la constancia dio sus frutos; en 2022 llegó la consagración en los Juegos Odesur, una competencia que, según ella, marcó un antes y un después no solo en su carrera, sino en la visibilidad del deporte en Paraguay. Luego vinieron los podios mundiales, incluido el subcampeonato en 2025.
Hoy, Erika combina entrenamientos de alto rendimiento con la universidad y una exigente rutina diaria. “El podio dura dos minutos. Lo que queda es el recorrido, las personas, las culturas y los países que conocí gracias al patinaje”, reflexiona. Sus próximas metas están puestas en los Juegos Odesur de Rosario y el World Roller Games, que se disputará en Paraguay.
base para el futuro. El crecimiento del patinaje artístico también se sostiene en la formación de nuevas generaciones. En ese camino se inscribe el trabajo de Abril Bogado, ex patinadora y actual profesora, quien dirige su propia academia en San Lorenzo.
Bogado comenzó a patinar a los 8 años y compitió a nivel nacional e internacional, y logró títulos regionales y medallas en sudamericanos y panamericanos. Desde hace años, su foco está puesto en la enseñanza. “El patinaje artístico tomó una notoriedad enorme en la última década. Antes era un deporte casi desconocido; hoy hay muchas escuelas y difusión”, señala.
Para la formadora, el patinaje es uno de los deportes más completos. “Mejora la condición física, la postura, la disciplina, la creatividad y la autoestima. Es un deporte individual, pero se trabaja de manera colectiva y se aprende a convivir en equipo”, explica. En su academia reciben alumnas y alumnos desde los 4 años, con la mirada puesta tanto en la formación integral como en la proyección competitiva.