Tras un promedio cercano a los USD 600 millones anuales durante los últimos 17 años, los datos más recientes y las señales que observa el Banco Central del Paraguay (BCP) apuntan a que el país podría alcanzar y superar el umbral de USD 1.000 millones en flujos anuales de inversión directa.
En contacto con Monumental 1080 AM, el gerente de Estadísticas Económicas del BCP, Gustavo Cohener, explicó que el país ya viene mostrando una aceleración en la llegada de capitales y que el nuevo escenario, marcado por el grado de inversión, está comenzando a generar una dinámica diferente, tanto en volumen como en el tamaño de los proyectos.
“Todas las informaciones preliminares que estamos manejando nos hacen pensar que sí podríamos alcanzar e incluso superar los USD 1.000 millones en adelante”, afirmó durante la entrevista.
El último dato consolidado disponible corresponde a 2024, cuando el flujo neto de inversión directa alcanzó USD 931 millones, un nivel que ya se encuentra muy próximo al nuevo umbral.
El estudio “Caracterización de inversión directa en Paraguay”, elaborado por el BCP junto con el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR), analiza la evolución de estos capitales entre 2008 y 2024. En ese periodo, Paraguay acumuló aproximadamente USD 10.000 millones en flujos netos de inversión directa, equivalentes a un promedio cercano a USD 600 millones por año o al 1,6% del PIB.
Sin embargo, el promedio muestra una aceleración. Entre 2008 y 2021 se ubicó en torno a USD 525 millones, mientras que entre 2022 y 2024 aumentó a USD 826 millones. El salto queda reflejado en el resultado de 2024, cuando se llegó a los USD 931 millones.
Para Cohener, esta trayectoria muestra que la inversión directa se ha convertido en una fuente estable de financiamiento externo, aunque todavía existe margen para aumentar tanto su escala como su calidad.
“Paraguay recibió una corriente sostenida de inversión directa y con el paso del tiempo esa inversión ha ido creciendo y se volvió más diversa”, explicó.
La transformación no solamente se observa en los montos, sino que la estructura de la inversión también se fue modificando durante los últimos años. Los servicios no financieros concentraron el 44% de los flujos acumulados entre 2008 y 2024, seguidos por la manufactura, con 26%, los servicios financieros, con 20%, y el sector primario, con 10%.
El técnico señaló que el peso relativamente menor del sector primario no significa que el agro haya perdido relevancia como receptor de capital. Una parte importante de las inversiones vinculadas a la cadena agropecuaria queda registrada en otras categorías, como manufacturas de aceites y carne, transporte fluvial o comercio de granos.
Cohener identificó tres grandes etapas: una primera vinculada al superciclo agrícola, otra caracterizada por una mayor diversificación manufacturera y una tercera, entre 2021 y 2024, en la que ganaron espacio la producción forestal, el procesamiento y los servicios de datos.
Al mismo tiempo, aumentó la cantidad de países de origen de los capitales, en 2008 se registraban inversiones provenientes de 39 países, mientras que en 2024 la cifra llegó a 68 países.
Brasil y Estados Unidos se mantienen entre los principales inversores, junto con Países Bajos, Uruguay, España, Chile y Argentina, mientras que también aparecen capitales provenientes de mercados menos tradicionales para Paraguay.
El grado de inversión cambia el escenario
Para Cohener, la obtención del grado de inversión por parte de dos de las principales calificadoras internacionales constituye un factor que puede reforzar esta tendencia.
“La reciente calificación de dos de las tres calificadoras más importantes del mundo ha servido muchísimo y esto seguramente va a ir dando su resultado en el transcurso del tiempo, pero ya vamos notando nosotros una dinámica distinta”, sostuvo.
A esto se suman factores estructurales que, según el economista, posicionan al país frente a la reconfiguración de las cadenas globales de valor: estabilidad macroeconómica, energía renovable, ubicación geográfica, competitividad de costos e integración regional.
En este contexto, Paraguay puede beneficiarse de tendencias como el nearshoring (relocalización de empresas a países vecinos) y el friendshoring (relocalización en países aliados), particularmente en su relación productiva con Brasil.
El aumento de los flujos de inversión también plantea una exigencia para el país, ya que los nuevos proyectos comienzan a concentrarse en actividades de mayor contenido tecnológico, como centros de datos, industria forestal y manufacturas más sofisticadas, lo que vuelve fundamental preparar el capital humano para aprovechar la nueva ola de inversiones.
“Claramente hay muchas cosas por hacer, hay mucho espacio para crecer y eso hace que surja esta oportunidad que tenemos que aprovechar en donde el capital humano va a ser fundamental”, afirmó.