El “para qué lo que” es, en general, la excusa del paraguayo para dejar de hacer algo, o para hacer algo indebido de manera justificada. Es decir, si alguien no está en peligro de muerte, ¿para qué lo que le vas a ayudar? Si la basura que arrojás en plena Av. Mcal. López y Perú no te molesta, ¿para qué lo que te vas a preocupar?
Parte de nuestra idiosincrasia pareciera basarse sólo en el “para qué lo que” propio, individualista, egoísta; y poco nada en el “para qué lo que” ajeno, colectivo, social. Creo que es hora de que lo empecemos a tomar en cuenta este segundo “para qué lo que”, para algún día llegar a vociferar la palabra progreso como un concepto real y tangible de nuestra sociedad.
Para mí todas las semanas hay un “para qué lo que” que me llama poderosamente la atención. Nunca fallan. Llegan con una polenta comparable a un show de Rubén Rodriguez después de un Dark Dog mezclado con Dark Dog. Esta vez, “el para qué lo que” le tocó al casi inexistente universo audiovisual paraguayo...
¿Para qué lo que vamos a dejar que hagan una película sobre la triple frontera sí la gente se va a enterar que nuestro país es un quilombo completo con huevos y fritas? De paso, aprovecho para saludar a la Ministra de Turismo Liz Cramer, y decirle que cada tanto aparece un “para qué lo que” que vale la pena defender.
Katheryn Bigelow, la directora cinematográfica norteamericana y hollywoodense - ex de James Cameron - ganadora del último Oscar al mejor director, quiere desarrollar una película acerca de la triple frontera, y, si bien desconozco el guión, entiendo que, básicamente, deja a la triple frontera como la cuna del terrorismo sudamericano. De ahí el problema.
Es decir, existen dos situaciones sobre esta historia. Por un lado está la realidad del narcotráfico en Colombia y su proliferación como temática dentro del mundo audiovisual (primordialmente películas que centran al país como principal promotor del narcotráfico) y, en ese sentido, hay un punto detrás de la postura de la Ministra Cramer. Ella sugiere que, de filmarse la película, nuestro país podría correr con una suerte similar a la de la imagen que se proyecta en las salas de cine del mundo sobre el país cafetero y esto encasillaría al Paraguay como un país atestado de terroristas, guerrilleros y quinieleros mafiosos.
Pero, por otro lado y con esto en claro, propongo otra óptica. Dejar de intentar tapar el sol con un dedo sería un interesante camino a tomar. ¿Les parece? Si bien no somos “la cuna misma del terrorismo” (creo que somos más famosos por nuestro consumo cervecero per cápita y nuestra dieta cretina a base de mandioca), una película así podría ubicarnos bajo la lupa de una situación absolutamente cambiable.
Recordemos que, en sus inicios, el cine fue utilizado como medio propulsor de la propaganda política. Lo que veías en la pantalla era lo que terminabas creyendo. Si Hitler le daba un caramelo a un niño, entonces Hitler podría ser un buen tipo. Este era el criterio colectivo. Sin embargo hoy, gracias a la inmensa cantidad de información que manejamos a través de la red, la ficción es “de guaú” y las noticias, son noticias (en tiempo real). Si verdaderamente tenemos miedo de que el Paraguay sea visto de tal manera, es, quizás, porque realmente intentamos tapar lo terrible de la situación del país.
¿Para qué lo que vamos a dejar que se haga la película Ministra? Para concientizar sobre la situación del país. Para atraer capitales de países que puedan asistirnos como tercer mundistas que somos. Para caminar rumbo a una mejora social para todos los paraguayos. Para que dejemos de vernos como un pueblo y empecemos a parecernos más a un país. Para dejar de ser - como nos define con justa razón Oppenheimer - un país ahuyenta capitales y con gran parte de su ingreso basado en las remesas. Para que la pequeña, pero pesocá industria audiovisual paraguaya finalmente deje de arrastrarse y empiece a gatear.
Para eso.
“None but ourselves can free our minds” (Bob Marley).