Uno de los grandes debates mundiales modernos es la causa del crecimiento económico de todos los países. Muchas incógnitas que tienen que ver con la creciente riqueza o la creciente pobreza de todos los países. ¿Por qué América del Norte tiene más dinero que Sudamérica? ¿Por qué Europa es rica y África pobre? Muchos economistas y políticos creen que con buenas reformas económicas y políticas se puede hacer crecer la economía de un país. Sería grandioso si fuera verdad, pero no es verdad.
Según muchos economistas y científicos, más que reformas, es la sociedad, el comportamiento, la ética, la cultura, en otras palabras, la naturaleza de los ciudadanos de un país las que dictan la riqueza o pobreza.
Gregory Palms, en su libro “Historia de la economía mundial”, afirma estar de acuerdo con la teoría de que la cultura de los ciudadanos hace crecer o derrumbar a los países. Dice que la pobreza mundial siempre será semipermanente.
Pese al crecimiento mundial y a la explosión de la demanda de recursos primarios, algunas sociedades no la aprovechan porque sus valores son conformistas y en algunas hasta autodestructivas. Para crecer no solo se necesitan reformas económicas sino un cambio en la sociedad. Muchas sociedades impulsan el crecimiento, porque este es parte de la naturaleza de las personas, de la cultura. Otras sociedades enseñan el estancamiento, la conformidad, la envidia, la corrupción. Esto hace que la diferencia de los países ricos y pobres siempre crezca más.
Otro tema es el de la migración. ¿Qué causa las migraciones de personas de un país a otro?, que algunos ciudadanos creen que pueden rendir más en sociedades positivas que en estancadas o negativas. Entonces los ciudadanos migrantes ayudan más a los países más ricos.
Un ejemplo: Japón y China e Inglaterra y Estados Unidos. En unas la paciencia, el trabajo duro, la ingenuidad; en las segundas la innovación, la educación, la productividad, y todo esto favorecía a la economía.
En resumen, mientras a otras culturas les faltaba más de uno de estos instrumentos para progresar a otras les sobraba. En las culturas más avanzadas, el progreso, la educación, la innovación, etc., son parte de su cultura.
El capitalismo puede producir mucha riqueza, pero para que funcione no solo se necesita de reformas y buen manejo económico. Se necesita mejor infraestructura, comunicación, logística, pero sobre todo tiene que haber una sociedad culta, trabajadora, que quiera progresar, que siga las leyes, que quiera y sepa cómo adoptar nuevas reformas.
Las naciones se han levantado o se han caído casi siempre por sí mismas. Sociedades dominadas con valores e ideologías sociales, económicas y políticas positivas, han formado cualidades e idiosincrasias que se necesitan para progresar como sociedad.
El progreso económico requiere también tolerancia de la sociedad al cambio, tolerancia a la adaptación, a la diferencia, tomar algunos riesgos, y algo de fe en la sociedad. Una buena noticia es que, con campañas de aprendizaje para la sociedad, lentamente se pueden cambiar el comportamiento y los valores de los ciudadanos. Es un proceso lento, pero es mucho mejor que hacer nada.
Las reformas económicas y políticas ayudan a cualquier país, pero la sociedad al final es la que decide adoptar esas ideas, es la que hace que el país prospere. La cultura de una sociedad hace al país.
Sebastián Piazza
EL PARAGUAY NECESITA EL IMPUESTO A LA RENTA PERSONAL
Por medio de la presente, el Núcleo Ciudadano para el Cambio, agrupación libre de ciudadanas y ciudadanos que trabaja para apoyar e impulsar el cambio en el Paraguay, suma su voz al clamor popular que resuena en todos los estamentos y sectores del país: la aplicación del impuesto a la renta personal (IRP).
Con la puesta en vigencia del IRP, como es fácil deducir, se podrá contar con más recursos para combatir la pobreza, más presupuesto para incrementar la seguridad, salud y educación, y muchos otros beneficios para la población gracias a la mayor recaudación, que al mismo tiempo nos encaminará hacia la senda de una justicia tributaria, tan necesaria en Paraguay por ser el país con más inequidad de toda América y el único que no aplica el IRP.
Hacemos llegar a los señores legisladores nuestro pedido ciudadano: en primer lugar solicitamos que el tema sea tratado lo antes posible, y que se evite cualquier tipo de medida que suspenda el tratamiento o la aplicación del IRP.
Ya todos sabemos la nada santa intención de algunos legisladores de derogar el IRP o postergar su aplicación como se viene haciendo año tras año. Nos preguntamos: ¿a quiénes representan estos? ...y claramente, no al pueblo. Los legisladores que realmente representan al pueblo tendrán ahora la ocasión de demostrarlo y que se imponga el bien común por sobre la intención de unos pocos, de frenar el desarrollo y los cambios que tanto necesita nuestro país. Esperamos que nuestra postura y solicitud como ciudadanos y ciudadanas de este país pueda ser oída y respetada por nuestros representantes. Instamos a toda la población a manifestar a los parlamentarios su reclamo por la vigencia de este impuesto.
Sigamos atentos las posturas de cada uno de los legisladores, y que a la “hora soberana del pueblo”, en las urnas, le demos a cada uno lo que se merece, conforme a su accionar.
Luis Alberto Chamorro, Graciela Goiriz, Rubi Zarza Flores,
Marcelina Vera, Magela Carli, Greta Gustafson, Víctor Farigna, Juan Díaz Bordenave (y otros)
Núcleo Ciudadano para el Cambio.
SÍ AL IRP Y A LA DEVOLUCIÓN EN SERVICIOS
Considero que toda persona con un mínimo de conocimiento y honestidad difícilmente puede oponerse o estar en contra de la aprobación del impuesto a la renta personal (IRP)
Está claro que su eficiente y efectiva aplicación no solo es necesaria sino beneficiosa para toda la sociedad. Y he aquí la cuestión. El Gobierno que lo aplica debe garantizar su adecuada implementación. Es decir, el valor del impuesto cobrado debe ser devuelto en obras y servicios.
El pago de los impuestos debe traducirse siempre en mejores servicios a la población. Eso quiere decir caminos y rutas en buen estado, a lo largo y ancho de toda la nación; escuelas y hospitales con el básico de su infraestructura requerida completa (no como esos pobres alumnos de Capiatá que dan clases sobre cajones de gaseosas); seguridad ciudadana en serio.
En fin, todo lo que una sociedad mínimamente organizada debe brindar a sus integrantes.
En consecuencias, sí al impuesto a la renta personal (IRP), pero también sí a un gobierno honesto que reinvierte en servicios a la población no sólo en beneficio de sus amigos y amigas.
Beatriz Lezcano