El injustificable atentado contra el periódico Charlie Hebdo ha sido presentado como una lucha entre el Oriente y el Occidente. Ahora bien, ¿qué quiere decir Occidente? Si tomamos al pie de la letra la geografía, se trata del hemisferio (mitad del mundo) situado al Oeste del meridiano de Greenwich (Inglaterra). Esta es una convención sellada en 1884, que convierte en occidentales a una parte de Europa y de África y a todo el continente americano.
Sería tonto pensar que la historia comenzó en 1884. Sin mayor precisión, se llama occidental a una cultura hace milenios, y que llegó a extenderse hasta abarcar los extremos del planeta, desde Australia hasta los Estados Unidos. Por eso decir “Occidente”, o “cultura occidental”, no nos explica nada.
En el colegio me enseñaron que la civilización occidental es grecorromana y cristiana. Grecia no comenzó de cero, sino que recibió la influencia de grandes civilizaciones más antiguas: la persa, la hindú, la egipcia. El imperio de Alejandro Magno (podemos verlo en internet), fue más oriental y africano que europeo. El Imperio Romano fue más mediterráneo que europeo: no comprendía el territorio de los actuales europeos del Norte, sobre quienes Aristóteles tenía un pobre concepto. El griego y el latín (como el inglés y el alemán) pertenecen a la familia lingüística del persa y del hindi. De Persia y la India emigró a Europa el grupo llamado indoeuropeo. En cuanto al cristianismo, no consta que lo hayan sido tanto quienes se consideraban tales: la Inquisición, el Holocausto, el colonialismo y las dos Guerras Mundiales son de su factura.
Cuando los árabes invadieron España en el siglo VIII, la Inquisición ya había quemado a unos cuantos. Los musulmanes se impusieron porque garantizaron la tolerancia religiosa, la disminución de impuestos y el respeto a la propiedad privada. En el siglo IX, la ciudad más grande y civilizada de Europa era Córdoba, regida por los árabes; en su mezquita rezaban los musulmanes, judíos y cristianos.
La responsabilidad penal es individual, y castigar a los autores del atentado contra Charlie Hebdo no justifica una guerra antimusulmana. Por otra parte, como dijo el vicepresidente norteamericano Joe Biden, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes financiaron a los terroristas del Estado Islámico. Esos fundamentalistas, después de haber hecho sus fechorías en Siria y en Irak, decidieron hacerlas en París. Se pensó que iban a atacar solamente al dictador sirio Assad y fueron más allá. Es una repetición de Al Qaeda, financiada por Arabia Saudita y la CIA para hostigar a Unión Soviética, y que se volvió independiente.
No lo previó Reagan cuando, en su mensaje presidencial de 1986, propuso apoyar a esos “soldados de la libertad”.