Por Marisol Ramírez
Lo mejor de su unipersonal es la honestidad con la que expone sus emociones y sentimientos, con respecto a las nuevas modas que adoptan los llamados metrosexuales, y expresa su parecer acerca de las conductas que adoptaron y hoy reemplazan a las tradicionales del macho latino. Lo negativo, el sonido no muy limpio. La pasión con la que da su cátedra, así como la autoexposición personal y familiar incluso (cuando habla de los muchachos estereotipo, pretendientes de su hija) son una delicia para el espectador, que se siente cómplice de Sily.
Su visión acerca de las redes sociales sin duda arranca carcajadas, y su versión acerca de lo que sería ir al gimnasio logra desternillarse en la butaca del teatro. La escena donde Coco Sily baja entre el público, para detectar altos niveles de lo que se aleja de ser macho, es un plato que se saborea aparte, así como el momento en que habla de la cata de vinos, del sushi, o del amor.