Economía

OIT: Informalidad en AméricaLatina

 

Una de las publicaciones más recientes de la Organización Internacional del Trabajo sobre América Latina y el Caribe (ALC) lleva por título “Perspectivas sociales y del empleo en el mundo: Tendencias 2022”, en la que rebaja las previsiones de recuperación del mercado laboral para este año en curso a pesar de que la economía parece empezar a crecer. Se prevé para ALC un leve crecimiento del producto interno bruto ya a fines de 2022 y aún más en el 2023, pero la OIT observa la persistencia de los efectos de la pandemia en los mercados de trabajo. Proyectó en los primeros meses del 2022 un déficit en horas trabajadas a nivel mundial equivalente a 52 millones de puestos de trabajo a tiempo completo con respecto al cuarto trimestre de 2019. La estimación anterior para todo el año realizada en mayo de 2021 proyectaba un déficit de 26 millones de puestos de trabajo a tiempo completo. En este sentido, en Europa y América del Norte se observaban indicios de recuperación más alentadores mientras que el panorama más negativo correspondía a Asia Sudoriental así como a ALC. En términos de estratificación por ingresos, la recuperación del mercado de trabajo más fuerte se detectaba en los países de ingreso alto, mientras que las economías de ingreso mediano-bajo fueron las que terminaban peor paradas.

MICROUNIDADES DE PRODUCCIÓN Y SERVICIOS ASÍ COMO MUJERES. En lo que concierne a las repercusiones en materia de informalidad en ALC, el informe va desde el tercer trimestre de 2020 hasta el primer trimestre de 2022 y en ese lapso la OIT observaba un empeoramiento ostensible entre los informales y en la posición de las mujeres en el mercado laboral. En el caso de los países de ALC la informalidad ha crecido en proporciones gigantescas. Entre los países peor afectados por ella se encuentra en peor posición Paraguay, seguido de cerca por Argentina y Perú. La leve mejora en la actividad económica formal no ha sido suficiente para incorporar a los marginados. Por razones de registros formales, los loables esfuerzos de las políticas públicas para contrarrestar la megacrisis tuvieron mejor repercusión en las medianas y grandes empresas. Los multitudinarios emprendimientos unipersonales y familiares no fueron alcanzados por dichos esfuerzos.

CAUSAS DE LA CRISIS MUNDIAL Y LOCAL. Más allá de las definiciones oficiales de la OIT y del lacerante aumento de la informalidad, es importante hacer resaltar que en épocas de pandemia la mayoría ha sufrido serias dificultades de sobrevivencia, especialmente en las microunidades de producción de bienes y servicios así como específicamente en los microproductores rurales y microempresarios urbanos, entre los que los “cuentapropistas” constituyen una mayoría considerable. Estos segmentos liliputienses pero multitudinarios fueron los más perjudicados en las políticas públicas proactivas, a pesar de los esfuerzos que las oficinas gubernamentales ponían en práctica para por lo menos morigerar los espantosos efectos de la crisis múltiple. Esta ha sido causada no solo por la pandemia sino también por el cambio climático, con sus repercusiones catastróficas, y desde el 24 de febrero pasado con la guerra genocida emprendida por la Federación Rusa contra el indefenso pueblo de Ucrania, masacrando a su población, incluidos ancianos, mujeres embarazadas y niños, destruyendo sus instalaciones y ciudades así como apropiándose manu militari de tu territorio.

LA REALIDAD: PEOR QUE LOS DATOS OFICIALES. Los datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) dan cuenta de que en Paraguay se encuentran en la informalidad más de 1.800.000 personas sobre una población de más de 7 millones de habitantes y que alrededor del 18% se halla sumido en la pobreza. Alrededor de tres cuartas partes de los informales perciben ingresos inferiores al salario mínimo legal, insuficiente para cubrir necesidades básicas. Dentro de este destartalado mercado laboral las tasas más altas de informalidad se hallan en el trabajo doméstico (alrededor del 96%) y en el sector de la construcción, rondando el 87%. Estos son registros oficiales. La situación real en los hechos puede tener índices peores que los señalados por dichas estadísticas.

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