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La nueva obra de Nelson de Santaní refleja el éxodo que muchas personas viven.
Escrita a través de su propia experiencia, las de sus conocidos y las historias de algunos cibernautas que también aportaron su granito de arena para mostrar la infinidad de casos que existen dentro de inquilinatos.
Se trata de una verdadera denuncia a la problemática social en el campo de la vivienda, al que Santaní supo poner un buen toque de humor favoreciendo la aceptación del público que ocupó por unas dos horas las butacas del Centro Cultural Paraguayo Americano para disfrutar del puesta.
Al abrirse el telón del Teatro de las Américas aparecieron uno por uno los actores de La Parada Teatro, que tuvieron a su cargo la interpretación de los diferentes papeles.
Una contrabandista -que fue uno de los que más risas generó-, una divorciada, un niño sabelotodo, el gay, el joven que vino del interior para estudiar, una actriz en decadencia, una modelo, un joven optimista, una pareja muy extraña, una actriz decadente, una exhibicionista, una abuela, un jugador y un gay son los moradores de este inquilinato. En él se pudo apreciar la cruda y triste realidad por la que pasan muchos compatriotas que buscan el progreso y la independencia económica.
La puesta tiene tal dinamismo que los minutos no se sienten. La escenografía y las luces fueron muy bien logradas creando un verdadero ambiente de inquilinato del cual iban saliendo sus ocupantes con sus propios dilemas.
La puesta refleja, por dentro y por fuera, a quienes viven o vivieron la experiencia del inquilinato. Son en general personas humildes y trabajadoras que eligieron esa opción como una alternativa pasajera.
Al final, Santaní agradeció a los presentes y comentó que para muchos el inquilinato era una opción pasajera que se convirtió en algo eterno.