20 may. 2026

No premiemos a nuestros verdugos

Por Sergio Cáceres Mercado – caceres.sergio@gmail.com

caceres, sergio

Esta semana que terminó sufrimos una vez más el fenómeno de ver a gente festejando la llegada del 3 de noviembre, cumpleaños de Alfredo Stroessner. No nos referimos a Cartes, pues de aquellos que hicieron fortuna en la dictadura no nos debería sorprender que se alegren con tal fecha.

Lo que nos sorprende siempre son aquellos compatriotas que nada recibieron de positivo de Stroessner, excepto pobreza e ignorancia, y que sin embargo furiosamente lanzan sus petardos comprados con los pocos guaraníes que les sobran.

Ciertamente, alguien podría aludir que en realidad no debería sorprendernos, pues aquella ignorancia que mencionamos es explicación más que suficiente para entender a tales conciudadanos.

Pero quiero ir más allá de esta explicación e indicar que el recordar con cariño a aquellos que en realidad han sido nuestros verdugos, es una costumbre bien arraigada entre los paraguayos.

El caso de Stroessner es paradigmático, por ser el más cercano y por tratarse del gobierno autocrático que más años duró. Pero no es el único tirano al que vanagloriamos los paraguayos.

Esta curiosa costumbre masoquista de amar a aquellos que nos dan palo, en la era democrática pos-stronista se puede apreciar en los resultados electorales.

El sufragio, la poderosa arma que los paraguayos recibimos de la democracia, raramente ha sido utilizada para castigar a los representantes que nos defraudaron o a los partidos políticos que nos traicionaron.

Todo lo contrario, con una ingenuidad aberrante, las urnas premiaron elección tras elección a los peores políticos, desmeritando otras opciones mucho más potables, o al menos que merecían una oportunidad.

Ahora que estamos a días de las elecciones municipales, se da la primera ocasión en que muchos de los intendentes por primera vez podrán ser reelectos. Varios cuestionados piden de vuelta el voto de sus compueblanos. Y por supuesto, varios de ellos lideran las encuestas pues nuestra gente parece nunca aprender.

Al menos en Asunción, las encuestas dicen que la mayoría no le permitirá seguir a Samaniego. Un intendente que solo en época electoral parece tener voz y memoria para trabajar por Asunción no merece otra oportunidad. Ya la tuvo y la desperdició.

Uno que en su propaganda electoral dice que cambiará Asunción olvidándose que tuvo cinco años para hacerlo y así cumplir sus promesas, ¿qué garantía nos ofrece ahora de que no nos miente esta vez?

Aguardemos hasta las votaciones para ver qué dicen las urnas. Ojalá los ciudadanos de todo el país entiendan que el voto sirve para elegir a una mejor opción, en el caso de que el que estuvo al mando no cumplió con las expectativas. Que la costumbre paraguaya de premiar a sus verdugos se extinga este domingo.