Me cuesta identificarme con el Evangelio, Señor. Yo estoy acostumbrado a vivir en un entorno donde cada quien puede pensar lo que quiere. Nadie tiene derecho a cuestionar a nadie. Parece falta de respeto hacerle ver a alguien que quizá se equivoca, o que aún no posee la verdad en todo. Parece que vivimos tan cercanos aceptándonos, mutuamente, nuestro estilo de vivir. Pero más bien vivimos alejados, y por eso el miedo a decir lo que creemos y por qué lo hacemos.
El que en Ti cree vive en una constante tensión. Pero es una sana tensión, una tensión como la de aquel que está siempre persiguiendo un ideal que ama y que sabe que lo alcanzará. Y su esperanza no se quiebra. Aquel que cree en Ti, sabe que vale la pena renunciar al “propio” modo de pensar y de sentir.
No hay paz para aquel que cree en Ti, si por paz decimos pasividad, tranquilidad, ausencia de problemas. Pero vaya que tiene mucha paz, si por paz entendemos aquel fruto que brota de la certeza de cumplir tu voluntad. Quien ama, aunque su amor le tenga en inquietud constante, descansa amando. Y muchas veces verá los frutos de su esfuerzo. Y muchos corazones volverán su vista hacia Ti.
El hombre que es auténtico, es feliz. El hombre que es sincero, tiene paz. El hombre que conforma su modo de vivir según tu ejemplo, irradia luz. El hombre que pierde su vida por Ti, la encuentra y la encuentra llena. Jamás perderá su recompensa.
“Pero ¿quién hace la unidad? El vínculo de la paz. Si no hay paz, si no somos capaces de saludarnos en el sentido más amplio de la palabra, de tener el corazón abierto con espíritu de paz, nunca habrá unidad. La unidad en el mundo, la unidad en las ciudades, en el barrio, en la familia.
No por casualidad el espíritu del mal siembra guerras, siempre; celos, envidias, luchas, habladurías... son cosas que destruyen la paz y como consecuencia no puede haber unidad. Pero ¿cómo debe comportarse, concretamente, un cristiano para hallar esta unidad? La respuesta también ahora la encontramos en la carta paulina: “Comportaos de una manera digna... con toda humildad, mansedumbre y paciencia”.
(Frases extractadas de https://es.catholic.net/op/articulos/65963/cat/331/no-hay-paz.html#modal)