Opinión

No fueron solo números

En estos días estábamos recordando a dos compañeros de trabajo que nos dejaron en plena pandemia, uno de ellos en el mes de abril y otro en junio del año pasado, y aunque me tocó solo unos pocos años compartir con ellos, su partida fue triste.

Liz Analia Acosta Por Liz Analia Acosta

Nos hubiera gustado decir adiós a dos amigos que hicieron su viaje sin retorno, pero no pudimos siquiera despedirnos o darnos un abrazo. Miles de paraguayos tienen historias similares.

Ada dejó a dos niños pequeños; la máquina de coser de ña Ati ya no zurce más. Cristina no pudo conocer a su nieto por nacer. Las enseñanzas de la profesora Iris ya no se escucharán. Los sermones del pastor ya no se volverán a escuchar. Los comentarios deportivos del periodista Javier solo quedan en el recuerdo.

Desde hace dos años y medio, las víctimas de Covid no son solo números, sino que cada uno tiene rostro, nombre, historia y familias detrás de ellos. La realidad cambia mucho cuando empezamos a verlo así y realmente es duro.

Dos años de pandemia y pareciera que ya salimos de esto, pero no. Todo sigue, aunque la mayoría de nosotros no lo veamos tan de cerca ahora.

En estos días, una paraguaya fue conocida a nivel nacional, triunfando en el extranjero, cantando en un concurso en Argentina una canción que lastima al corazón al escucharla.

“Lloré porque tu voz no está en la casa. Reí porque me amaste con todo tu ser. Es una mezcla que me agarra el alma. Y rompe en cada esquina de mi ser”, dice parte de la canción que interpretó.

Su historia es que ella había perdido a su mamá y tampoco pudo despedirla.

Pensábamos que esta pandemia era algo pasajero, pero evidentemente vino para mostrarnos que nuestra vida es un instante y que vale la pena aprovecharla.

Sé que hay tantas historias desgarradoras, pero nos toca salir adelante.

Cuesta mucho poder digerir lo que pasamos, la muerte de personas a quien amamos y que pensábamos que iban a estar más tiempo. La sola idea de que estamos compartiendo con alguien y que esa podría ser la última vez nos hace que aprovechemos más.

Así como dije, vemos las cifras cambiar cada día, pero sabemos que no son solo números que aumentan o reducen, para algunos es una victoria poder salir de eso, pero para otros, es la despedida.

Sabemos que este tiempo de crisis ha dejado estragos en muchas familias y no solo pérdidas de un ser querido, sino en muchas áreas, que ha dado un crecimiento a la falta de soporte emocional.

Las famosas consultas al sicólogo ya no son una simple opción, son una necesidad, necesidad de ser escuchados y de recibir ese apoyo.

Como expuso Unicef hace dos años: “La pandemia ha provocado en la población distintos duelos paralelos, no solo se trata de la pérdida de un ser querido o conocido, sino que también sufren la distancia con los seres queridos, amigos y familiares, o la pérdida de bienes materiales, del hogar o del trabajo”.

Se trata, evidentemente, de una abrupta ruptura de lo que era nuestra vida cotidiana. Aumentaron el estrés, la ansiedad. Nuestras defensas bajaron, no solo por alimentación, sino por lo que pasamos.

Lo más lindo es poder seguir adelante y hacerlo bien, en honor de los que ya no están

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