Los colectivos que regresan a Asunción desde Nanawa no son inspeccionados por ninguno de los puestos policiales que existen en el camino.
En la mayoría de los colectivos vienen de contrabando mercaderías traídas, principalmente, desde Clorinda.
Las mismas van debajo de los asientos, en el pasillo o todas encimadas en el último asiento con riesgo de que con algún freno violento caigan encima de los usuarios que viajan en el bus.
En el colectivo nadie habla. Impera el hermetismo. Entre los pasajeros se encuentra una señora que hace la señal de la cruz antes de que el bus parta de su parada en Puerto Elsa y procede a cerrar sus ojos para hacer una oración. Lo hace, quizá para asegurarse de llegar bien a destino.
Al pasar por el primer puesto policial, los oficiales miran con seriedad a los pasajeros del colectivo. El chofer disminuye la velocidad y alza a una nueva usuaria, en el bus que ya está repleto, lleno de bultos y pasajeros. En el segundo, se pasa de largo y en el tercero, en las cercanías del Puente Remanso, un oficial detiene el minibus por dos minutos, habla con el chofer y luego le indica que proceda con su viaje.
PERCANCE. Antes de la salida de Nanawa, el fotógrafo de este medio comienza a tomar imágenes del colectivo. Una vez dentro del mismo sigue haciendo su labor. En un momento, uno de los dos guardas del colectivo pide al reportero que guarde su elemento de trabajo.
"¡Ey, vos! ¿Por qué estás quitando fotos? ¿Vos sos de la prensa o un particular nomás?”, pregunta el guarda.
En ese momento, el chofer del colectivo frena su vehículo, se da la vuelta e insiste con la pregunta de su compañero “A vos te está preguntando. ¿Qué hacés con una cámara? Acá está prohibido quitar foto-grafías”.
Todos los pasajeros comienzan a sentirse incómodos y uno de ellos se levanta y dice:
“Quítenle la cámara y bájenle del colectivo. Acá no se puede hacer fotos, hay gente que trae de contrabando”, señala.
Mientras, el fotógrafo, quien no contaba con ninguna identificación del medio, señala que lo está haciendo para su Orkut y bromea con los guardas y el chofer, quien comienza a acelerar el camión, diciéndoles:
“Nos vamos a ir todos presos entonces”, a lo que uno de los guardas le responde: “Jamás nos vamos a ir presos nosotros. Estás loco vos”.
Tras el percance, quienes viajaban en el colectivo, y más aún los guardas, no quitaban la mirada del bolso en el que el fotógrafo guardó su cámara.
Mientras la periodista y el fotógrafo siguen en el colectivo, la intranquilidad por la sospecha de que sea la prensa la que estaba allí imperaba en el bus.