13 mar. 2026

Negocio limpio

En Mendoza, Argentina, José Gamez produce hortalizas con criterios de sustentabilidad que le permiten reducir sus costos y ganar en calidad. Pero detrás de su presente exitoso hay una historia de sacrificios que comenzó cuando sus abuelos y padres decidieron abandonar su Andalucía natal.

Mendoza

Revista Vida

Por Carlos Darío Torres / Foto: Gentileza Unilever.

La oscuridad de la noche no es lo que los asusta. Al contrario, en este momento es una compañera leal. El temor surge por la posibilidad de que los descubra alguna patrulla de la prefectura, paraguaya o argentina, y de ser confundidos con contrabandistas y baleados. Suspiran aliviados cuando Juan -no es ese su nombre, pero es como les dijo que se llamaba- anuncia “ya llegamos”. Por fin, los Gamez y los otros españoles que los acompañan se sienten a salvo. Es hora de empezar una nueva vida.

La historia ocurrió hace 60 años, precisa José Gamez, descendiente de aquellos hombres y hoy propietario de la finca Los Almendros, ubicada en el departamento de Godoy Cruz, en la provincia argentina de Mendoza. En 1956, el grupo de andaluces que se había establecido en el sur de Paraguay, en Itapúa, decidió abandonar el país para buscar en Argentina mejores condiciones para desarrollar su actividad productiva.
“Habían dejado Andalucía después de que les prometieran que en Paraguay podrían dedicarse a la agricultura y que tendrían un futuro que en la Europa de la posguerra no podían encontrar. Pero cuando llegaron, se encontraron en medio de la selva, casi sin ningún acceso a servicios. Vivían en barracas, con otras familias. La selva los asustó, nunca habían visto una”, relata Gamez.
El grupo de pioneros no solo debía soportar las incomodidades de una tierra y un clima extraños para ellos, sino que también eran víctimas de la corrupción de los funcionarios, siempre dispuestos a hacer favores, previo pago de coima. Era el momento de buscar otro destino, la Argentina parecía una mejor elección, pero había un obstáculo: las autoridades se habían quedado con los pasaportes y se negaban a entregárselos.
“Entonces contactaron con personas que solían pasar contrabando de una orilla a otra, y así, en medio de la noche, cruzaron el Paraná y desembarcaron en el lado argentino, en la actual provincia de Misiones. Mi padre y mis abuelos pasaron luego a Tucumán y de ahí viajaron a Mendoza, donde teníamos algunos parientes y conocidos. El clima y el terreno eran parecidos a los que tenían en España; podían cultivar olivos, por ejemplo”, cuenta el productor.

Vida nueva


José Gamez tenía cuatro años en 1958, cuando su padre y abuelos echaron raíces en Mendoza y se dedicaron a la agricultura, actividad que luego él también desarrollaría con tal éxito que actualmente es un referente en esa provincia argentina. Y la producción de su finca, Los Almendros, provee a Unilever de las hortalizas que luego se convertirán en las sopas y caldos Knorr.
Los Almendros tiene una superficie de 37 hectáreas, en las cuales se planta una gran variedad de hortalizas, como cebolla, ajo, pimiento, lechuga, coliflor, zapallo y puerro. La granja fue nombrada Finca Destacada Knorr (Knorr Landmark Farm), un reconocimiento global que se otorga no solo al que ha alcanzado todos los requerimientos de prácticas agrícolas establecidos por el Código de Agricultura Sostenible de Unilever, sino al que incluso los ha superado, hasta convertir al emprendimiento en un ejemplo y en fuente de inspiración para agricultores de todo el mundo.
En la finca trabajan en este momento alrededor de 15 personas, aunque hay ocasiones en las cuales el plantel varía, pudiendo llegar a 20, o descender a 10 o seis operarios, dependiendo de si es tiempo de cosecha o hay que hacer limpieza en los cultivos. Los trabajos no son constantes como para mantener personal permanente, si bien siempre hay una decena que permanece en la granja.
En el 2010, el CEO de Unilever, Paul Polman, impulsó una nueva política para la empresa en todo el mundo. Así, la utilización de los vegetales sustentables se convirtió en un pilar fundamental de la elaboración de sus productos. Y Los Almendros también estaba en condiciones de adecuarse a las nuevas exigencias. “Desde un principio el trabajo y la política fueron los mismos, respetar el medioambiente, hacer los cultivos de la mejor manera, con el menor impacto en la naturaleza. Pero las exigencias en cuanto a hacer las cosas bien van evolucionando, no terminan nunca y están en movimiento permanente. Todos los días vamos incorporando algo nuevo o mejorando”, reflexiona Gamez.
Los cambios se fueron introduciendo paso a paso, con la ayuda de la gente de la planta de Knorr, para poner en práctica el código adoptado. Así, los cultivos de Los Almendros fueron dejando de ser regados por surcos para adoptar el moderno sistema de riego por goteo. “Este cambio nos permitió optimizar la producción y ahorrar agua: con menos agua podemos producir más kilos de frutos”, añade José.
Además, se empezó a realizar una cuidadosa selección de los productos agroquímicos a ser utilizados en la finca.También instalaron baños, uno fijo en el centro de la granja y otro portátil, para comodidad de los labriegos.
Se pusieron en vigor diversas estrategias para que la labor productiva afecte lo menos posible el medioambiente, además de cuidar la flora y la fauna autóctonas, una política que requirió de un cambio de mirada.
Al principio, los agricultores erradicaban todas las plantas autóctonas para cultivar hortalizas, pero ahora están comenzando a darles un espacio en la finca, lo mismo que a la fauna del lugar, como los zorros o las lechuzas, ya que entendieron que forman parte del ecosistema.
“Las lechuzas, por ejemplo, se encargan de mantener bajo control los roedores. Pero el problema es que en la finca no hay árboles con ramas altas donde puedan pararse. Entonces, decidimos emplear palos que estaban dispersos en la finca, para darles un lugar donde posarse. También estamos ubicando bebederos para los zorros, buscando evitar que rompan las mangueras del riego por goteo”.
Según su propietario, Los Almendros es un ejemplo que con el tiempo será adoptado por otras fincas que aún no incorporaron acciones dirigidas a desarrollar un modo de producción sustentable.

“Hoy hay quienes solo piensan en la rentabilidad, pero es cuestión de tiempo para que entiendan el valor de cuidar la tierra y no destruirla. Estoy convencido de que poco a poco lo van a entender”, se esperanza Gamez. Un ejemplo de que las políticas sustentables también pueden ser un buen negocio.

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