Este tiempo de pandemia se asemeja en mucho a los momentos previos al choque contra el iceberg que hundió la nave en dos horas. La orquesta sigue tocando, “los hombres y los niños primero” será la orden, los que sobrevivan las gélidas aguas y sepan nadar se salvarán. El resto... será parte de la historia fúnebre.
Entre nosotros la cuestión se reduce a que “Dios es paraguayo…” y como sobrevivimos el holocausto de 1870 también lo haremos con esta pandemia. El egoísmo de un sector público que es el único que tiene asegurados sus salarios al final de abril se enfrenta a la necesidad de casi 300.000 cesados del IPS que deberán sobrevivir con 1.100.000 guaraníes por única vez. Llevan esperando casi 40 días. Las pequeñas y medianas empresas han comenzado a cerrarse y los planes de ayuda lucen tan distantes que el temor a quedar endeudados después de la crisis les hace mirar el plan con aprehensión y dudas. Los pobres y miserables se deben contentar con 548.000 guaraníes una sola vez. Generalmente, forman parte de estructuras familiares numerosas que deberán sobrevivir con un dólar diario por lo menos 90 días. En el puente de mando no hay unidad en las órdenes. Cada oficial actúa por su cuenta. El de educación quiere cerrar las escuelas; y Mazzoleni, quien no puede controlar lo que se compra en su ministerio, afirma que los alumnos vuelven en setiembre. El del Interior ha logrado un récord: estar callado una semana. En los demás camarotes la idea central es hacerse con los negocios de la salud a cómo sea. La encargada de petróleos en vez de comprar hoy a precios regalados el combustible se encarga de adquirir tapabocas, alcohol en gel y camas de terapia.
El dinero de la emergencia existe a montones y eso lo sabe el titular de Conacyt, quien pide recursos para realizar las pruebas del Covid-19, mientras el de la Dinac busca pegar un manotazo con unas empresas de maletín donde pusieron a una joven de 20 años como mascarón de proa. Los piratas han abordado la nave y con garfios y espadas se llevan lo que quedan. No saben que el barco cuando naufrague también los llevará, pero eso es otra historia.
La música sube de tono mientras el cielo se torna más oscuro. Una luna rosa rompe la monotonía de la tragedia. El sector privilegiado del barco siente la necesidad de algunos sacrificios de ocasión. Los de Yacyretá renuncian a sus “presentismos” de 4 millones de dólares anuales y los de Itaipú regalan tapabocas con baners de fondo. También ellos creen que se salvarán. Los pillos capitaneados por Llano gritan que “el carnaval del Estado” se acabó. Sus parientes, compinches y amantes sonríen. Creen también, tontamente, que ellos se salvarán. Se recortan algunos privilegios mientras los del sector privado están orillando los refugios de la embarcación cómo puedan. El Partido Colorado, mayoritario en la embarcación, deja cesantes a sus empleados por falta de fondos. La gran mayoría de la tripulación no sabe nadar sin los recursos públicos y sus transportistas piden un millonario subsidio.
La historia del 15 de abril de 1912 ya la saben. La crónica del naufragio se hizo película y los padres de un joven ahogado norteamericano regalaron en su nombre la gran biblioteca de Harvard (Widener) y dicen que pusieron como condición de quien quisiera leer los libros supiera nadar. Aquí parece que nos faltan las dos cosas.