Por Pa’i Oliva | oliva@rieder.net.py
La crisis financiera tiene consecuencias económicas. A los ricos les rompe sus sueños de acumulación. A los empobrecidos del mundo los va dejando sin empleo.
En la actualidad, China tiene 20 millones de parados, EEUU más de 11 millones, España 4, Francia, 2,5..., lo cual significa más millones de personas que encuentran dificultad para encontrar el pan de cada día.
Y como reacción, la más fácil: discriminar al más pobre por el miedo de que le arrebate el lugar de trabajo.
En el Reino Unido se ha gritado en manifestaciones por las calles: “Empleos británicos para trabajadores británicos”. A medida que existe menos trabajo, crece en Polonia el sentimiento antipolaco. Y en Italia, a los rumanos, aun legalmente establecidos, se les hace la vida imposible.
En España hay un anteproyecto de ley, donde se castiga con multa de hasta 30.000 euros “a quien promueva la permanencia irregular de un extranjero”. Y se considera esto “cuando el extranjero depende económicamente del infractor”. Con esta norma se convierte en ilegal un principio-valor tan necesario y humano como es la solidaridad.
Y lo más triste es que toda esta xenofobia cesará cuando el país rico salga de la crisis. Entonces, no importarán inmigrantes sin papeles porque ello reportará beneficios al pagárseles salarios más bajos. Al inmigrante se le usa cuando conviene al país receptor.