05 ago 2026

Música y danzas del Japón conquistaron al público

Por Marisol Ramírez

mramirez@uhora.com.py

El concierto de taiko (tambores japoneses), a cargo del grupo artístico Kotaro, hizo vibrar al masivo público que se dio cita el jueves en el Centro Paraguayo Japonés.

La experiencia sedujo todos los sentidos, sobre todo el auditivo, a través del contagiante y enérgico ritmo de los tambores, que con sus melodías transmiten sentimientos y tradición popular.

Los coloridos trajes para las danzas que acompañaron la música, así como las máscaras y objetos tradicionales en el escenario, completaron la visual artística.

El grupo Kotaro, jóvenes artistas paraguayos, descendientes de japoneses y residentes nipones en el distrito Yguzú lucieron sus habilidades y destrezas en el manejo de los tambores.

La jornada arrancó con la interpretación de Hachijoudaiko, composición que transmite el sentir cotidiano de la isla de Hachijou.

Este tema fue el primero en marcar un clima de alegría y centramiento a través del casi hipnótico y sumamente envolvente ritmo del taiko.

Los aplausos de la multitudinaria concurrencia rebasaron el teatro, y continuaron toda la noche, hasta el final de la jornada donde se aplaudió de pie y con gritos de ¡bravo!

Miyakedaiko, composición que transmite la fuerza del volcán que se encuentra en la isla Miyake, invitó a la introspección y al agradecimiento por las bondades de la naturaleza.

Uno de los momentos más agraciados de la noche se dio con la presentación de Shishimai, a cargo del grupo Tsutsumigumi.

Con humor, picardía, gracia y destreza en los movimientos, se mostró esta danza popular japonesa, donde el animal imaginario Shishi devora los infortunios de las personas.

En un momento del show, los dos Shishi se desplazaron por la sala, mordiendo a los presentes y llevándose con ellos sus pesares, para dejarles a cambio buena salud y acontecimientos muy gratos.

Katanano kurui fue otra coreografía que resaltó las habilidades en coordinación, equilibrio y sincronía grupal, en esta ocasión del conjunto Onikenbai.

En dicho baile, se vio lo que danzaban tradicionalmente los campesinos de una región de Iwate, con espadas y máscaras que hacen alusión a un ogro mitológico.

Otra coreografía alegre y divertida fue Araumaodori, siempre acompañada de la melódica música de los tambores del grupo Kotaro.

En este baile, procedente de la región noreste del Japón, los intérpretes representaron graciosos movimientos que imitan a los del caballo (foto).

Con las canciones Tarubayashi y Chichibuyataibayashi, las últimas de la noche, el sonido se expandió completamente e inundó la sala de enérgicos y armónicos acordes que quedarán en el recuerdo.