23 abr. 2026

Museo del Holocausto

Benjamín Fernández Bogado www.benjaminfernandezbogado.wordpress.com

Los judíos han levantado varias referencias sobre lo que ha sido, en la vida de esta nación en la diáspora, la crueldad nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Los museos que visité en Jerusalén y Washington constituyen un viaje a través del horror y las peores formas de miseria humana. Están para recordarnos y recordar que nunca deberíamos volver a repetir el horror que supuso la persecución y muerte de más de seis millones de judíos.

Ahí están los zapatos, las valijas, los testimonios, la reproducción de las cámaras de gas, ahí está el duelo de una nación y del mundo ante el terror convertido en política de estado. Los judíos lo toman como lo que ha sido: el holocausto de un grupo étnico por otro que se creía superior.

A nosotros los paraguayos nos hace falta un museo del holocausto de la guerra grande. Un espacio donde llorar a nuestros muertos en una guerra cruel que acabó con el 80% de este país. El elogio del papa Francisco hacia la mujer paraguaya es una forma elegante de decirle al mundo y a los paraguayos que debemos mirar los efectos de esa guerra como una de las grandes lecciones de la historia.

Ahí se quedaron nuestros sueños de grandeza, nuestro orgullo y autoestima. Ahí sepultamos para siempre un país que quisimos ser, pero no alcanzamos a desarrollarlo. Emergió, es cierto, una gran capacidad de supervivencia pero cada uno de nosotros tenemos un duelo nunca realizado que sigue llorando en silencio y que debemos sepultarlo.

Debemos construir nuestro museo del holocausto. No cuesta mucho y sería la mejor forma de terminar por sepultar lo que en cada conversación con brasileños, argentinos y uruguayos no deja de emerger. Los paraguayos queremos un sitio donde se persignen con respeto y unción todos aquellos que deseen entender las claves de nuestra supervivencia y existencia como país. Necesitamos comprender por qué los paraguayos de mi generación no saben quién es su bisabuelo, por qué la larga sombra de la posguerra terminó por hacerlos olvidar en los cuencos más oscuros de nuestra memoria.

Debemos entender en esa visita al museo del holocausto de la guerra de la triple alianza, porque somos un pueblo “tyre’y”, acomplejado y achicado ante los demás. Ahí debería estar la clave que nos permita superar por qué aún nos duele esa guerra injusta que por poco acaba con un país, como nunca antes había ocurrido con pueblo alguno en la historia.

Ese museo del holocausto tiene que ser levantado en un sitio icónico que permita que generaciones completas la visiten y comprendan la magnitud de la hecatombe. Debe ser una clase de historia que nos reconcilie finalmente con nuestros socios regionales. En ese museo tienen que estar todos nuestros dramas que aún hoy deambulan, no solo por Cerro Corá, donde acabó todo, sino por Barrero Grande o Piribebuy, donde cosas indecibles pasaron en la trágica historia del Paraguay. Ahí debe estar el “cañón cristiano” que tontamente el Brasil no pretende devolver. Ahí debería estar la frase horrorosa de Sarmiento, quien decía que a “paraguayos habría que matarlos en el vientre de sus madres” sin saber que moriría exiliado en Asunción.

Necesitamos crear una gran sociedad de paraguayos de bien, que aporte económicamente para erigir dicho museo, que pondrá fin al largo duelo que se inició hace más de 144 años y hasta hoy continua. Cuesta menos que el 10% de los fondos del Fonacide y todo un país lo agradecerá.