Otra eliminatoria ya se ha ido, cuántos rivales nos han pasado. Algo hemos aprendido, pero no hemos clasificado. Y aun así, más allá de esta circunstancia, el amor hacia el fútbol es más fuerte. Esto se verá justamente a partir del 12 de junio, cuando la afición futbolera esté pendiente de la radio, la tevé e internet para seguir la previa del partido inaugural del Mundial de Brasil 2014. Como muchos alrededor del globo, Paraguay también se sumará a ese mundo unido por un balón.
Pero más allá de la pasión que despierta la pelota, la sinceridad obliga a decirlo: resulta una proeza entusiasmarse por el evento más importante del deporte rey cuando uno lo verá solo a través de la pantalla chica. Mientras la alegría es brasileña y de los otros países que participan, y en las calles del país anfitrión se suceden las manifestaciones de quienes no están de acuerdo con este Mundial, para la mayoría de la afición paraguaya, la ausencia de la Albirroja es algo aún difícil de aceptar.
Banco de suplentes
El exilio futbolístico es duro y el tiempo en que se desarrolle la cita mundialista puede resultar una larga agonía para los fanáticos. Pero la capacidad de sobreviviencia y adaptación de los desterrados hijos de la cancha ayudará a sobrevivir en ese periodo. Si entre los 32 seleccionados no está el que representa a la tierra en que uno nació, no queda otra opción que la resignación plena; y apadrinar con el aliento y el corazón partío a alguna otra nación participante.
En este caso, las alternativas son variadas. Uno puede poner sus fichas al anfitrión. Como se sabe, Brasil es el único país que ha participado en todos los campeonatos mundiales. Además, es el que más títulos ha conseguido y siempre es candidato a alzarse con la copa.
A todo esto se suma esa extraña predilección que el aficionado paraguayo siente hacia la verdeamarela. Este fenómeno trae aparejado otro no menos notable: el profundo e inexplicable sentimiento —casi visceral— de gran parte de los paraguayos contra el seleccionado argentino. A la mayoría le gustaría que la albiceleste fuera eliminada cuanto antes y hasta sentiría un placer orgiástico si en cada partido el país vecino recibiera una goleada de 9-0 en los primeros 45 minutos.
Los otros
Los más modestos preferirán volcar sus sentimientos hacia Uruguay, soñando con la réplica del Maracanazo del 50, en que la celeste se convirtió en leyenda al vencer 2-1 a Brasil en un rebosante Maracaná de Río. Colombia sigue siendo un equipo que despierta la confianza de los seguidores del buen fútbol. Hay otros que incluso ven en el equipo chileno un potencial candidato a llegar a lo más alto del podio. No faltan aquellos que vaticinan que el preciado trofeo quedará nuevamente en Europa, tal vez entre Inglaterra, Alemania, España, Francia incluso Belgica.
Pero, ¿por qué jugarse siempre por lo obvio y no apostar a una alternativa más arriesgada y original? Las opciones en este campo son varias, desde los seleccionados que representan a América hasta los que están más allá del continente. No sería nada argel hinchar por la selección de Argelia. O revivir la emoción que despertó en todo el país el seleccionado camerunés con el legendario Roger Milla, en Italia 90.
Uno también puede realizar su jugada estratégica con el despensero oriental, alentando a la selección de Corea del Sur. En este último caso, hasta se podrían memorizar los nombres y apellidos de los jugadores y recitar todo el equipo en una reunión de amigos, para ganarse su asombro. ¿Quién dice que los intelectuales no entienden de fútbol? Ellos podrían armar su propia barra local para vibrar con el combinado griego, representante de la cuna de la filosofía.
Los damnificados
No solo los jugadores y el cuerpo técnico se ven afectados por la ausencia mundialista. También con los dirigentes que se suman a la delegación sucede esto, aunque sus equipos no hayan llegado más allá de la mitad de un campeonato en toda su historia. Asimismo, los familiares, amigos y amantes de los atletas entran en esa larga lista de los damnificados, pues se sabe bien que sin Mundial no hay transferencia que se pueda cotizar para negociar.
Los comerciantes también sufren los efectos colaterales del armagedón futbolístico local. Es que no hay una avalancha de compras impulsivas de televisores para mirar en HD el peinado de Cristiano Ronaldo o el festejo de Neymar; y mucho menos, insoportables programas seudodeportivos con conductores y conductoras improvisados que saben tanto de fútbol como de reparar un satélite en el espacio exterior y con las manos congeladas.
Se repite nuevamente la historia de hace 36 años en Argentina 78, cuando también tuvimos un Mundial tan lejos y tan cerca. Además de las agencias de viaje que aguardaban hacer su agosto, muchos otros se quedaron con las ganas. Solo Dios sabrá cuántas comitivas anónimas y sujetos solitarios soñaban con ir al Mundial, aunque sea en bicicleta, para alentar a la Albirroja y conocer alguna garota. Ahora solo resta esperar el operativo Rusia 2018, mojando las ganas en vodka.
¿Quién no recuerda con nostalgia aquella mañana del 4 de julio de 2010, cuando los extasiados aficionados corrían a vaciar las carnicerías y las bodegas, en la previa del inolvidable partido Paraguay vs. España? Y también las diez mil personas que vibraron con ese encuentro viéndolo en pantalla gigante en las graderías del estadio Defensores del Chaco.
Ahora, las parrillas frías aguardarán en vano el tsunami de costillas, vacíos, chorizos y otros componentes del arsenal que prepara el comensal. Las brasas estarán apagadas, y las bebidas espirituosas y espumosas quizás sean servidas solo por grupos aislados que se reunirán para ver el partido Bélgica vs. Rusia. En las calles, las banderas tricolores ondearán tristes en la brisa otoñal-invernal ante el paso indiferente de vehículos y transeúntes, a quienes les interesará más averiguar cuál es la segunda ciudad ubicada a 120 kilómetros de la capital de Chipre antes que adquirir alguna de esas enseñas.
La pelota no se marcha
En México 86, la Selección Paraguaya había vuelto a un Mundial luego de 26 años. Luego, hasta antes de las Eliminatorias del 98, todos los intentos por volver a clasificar acabaron en el despeñadero del fracaso. Desde Francia 98 y hasta Sudáfrica 2010, casi toda una generación creció y vivió en las aulas y las calles, como no lo hicieron las anteriores, la pasión, el orgullo y los hitos históricos alcanzados por el seleccionado nacional en los mundiales en que participó.
Pero ahora les toca vivir el apocalipsis de “el mundial sin ti, Paraguay”. Los aficionados que ya tienen más cancha en estas lides pueden acercarse a ellos y decirles: “No hay por qué caer en la depresión ni sentirse tragado por la desolación”. Vamos a darle un giro a la cosa, escuchemos No nos vamos al Mundial, de Ulises Silva, o leamos esta nota y vivamos este mes con onda. Total, solo es fútbol, nada más.
Texto: Carlos Elbo Morales
Foto: EFE