El Gobierno confirmó ayer el alejamiento de la presidenta del Banco Central del Paraguay (BCP), Mónica Pérez, y su posible sustitución por Germán Rojas Irigoyen, actual presidente del Banco Nacional de Fomento (BNF).
Mónica Pérez se va del BCP a raíz de los desacuerdos con el ministro de Hacienda, Ernst Bergen, por el presupuesto monetario. Su condición de tecnócrata irreductible a las presiones de la política y su mal relacionamiento con ministros, políticos, banqueros y funcionarios del BCP precipitaron la decisión del presidente de la República, que le solicitó su dimisión.
El miércoles a la mañana, la presidenta del BCP estuvo en Mburuvicha Róga con Nicanor, ocasión en que este le pidió su renuncia. Pero un día antes, al martes 20, Germán Rojas fue llamado al Palacio de López, donde el presidente le hizo el ofrecimiento para encabezar el Banco Central.
El miércoles por la tarde, Mónica Pérez presentó su renuncia indeclinable y por la noche un alto exponente del Ejecutivo filtró a uno de los medios la noticia de que Mónica se iba como parte del juego político del Ejecutivo. Ayer a la mañana, la noticia fue la comidilla de las radios, en los pasillos del Banco Central y otras instituciones. Los mejor informados daban como cierta la información de la salida de la presidenta del BCP, atribuyéndola a altas fuentes del Ejecutivo. Más tarde, esas mismas fuentes se la confirmaron a los otros medios, dando como dato que esta mañana se presentará al Senado el pedido de acuerdo constitucional para nombrar a Germán Rojas al frente de la banca matriz.
Con ello concluye la historia de la primera mujer al frente de la banca matriz, luego de 19 meses plagados de conflictos, un directorio raleado por las renuncias de sus miembros y algunos logros importantes, como el saneamiento administrativo.
El punto más negativo de su administración fue el descontrol de la inflación, que en el 2006 llegó al 12,5%, la segunda más alta del continente, luego de la de Venezuela, y muy lejos del promedio latinoamericano (4,5%).
De prestar el Senado el acuerdo de rigor, se daría el paso de una tecnócrata pura, sin tino político, a un administrador eficiente y de bajo perfil, como Germán Rojas, cuyo principal mérito es la recuperación del Banco de Fomento, que se hallaba en quiebra técnica.
Los pasos de su salida
Por Patricia Vargas
El martes, cerca de la media mañana, el presidente del Banco Nacional de Fomento (BNF), Germán Rojas, fue a conversar con el presidente Nicanor Duarte Frutos en el Palacio de López.
El tema tratado no era justamente algo relacionado con el BNF, sino con el Banco Central del Paraguay (BCP).
¿Por qué con Rojas sobre el Banco Central? El mandatario siempre tuvo a Rojas como su as en la manga, en caso de que las cosas con la ex titular de la entidad bancaria, Mónica Pérez, empeoraran.
La relación de Pérez con la mayoría de los sectores económicos y bancarios era pésima. “Hubo veces que de tan nerviosa que se ponía, golpeaba la mesa con la mano y se ponía a llorar, y de esa forma era imposible trabajar”, reveló uno de los ministros.
El jefe de Estado le consultó a Rojas, un hombre de carácter sumiso, si estaba dispuesto a asumir la presidencia del BCP. El visitante aceptó el ofrecimiento.
Al día siguiente el vehículo de Pérez ingresaba a Mburuvicha Róga. Luego de haber conversado con varios referentes económicos y contar con un panorama más general de la situación, el mandatario –antes de asistir a un acto de inauguración de viviendas populares en San Antonio– le solicitó su renuncia.
Mónica la presentó bajo el rótulo de “indeclinable” en horas de la tarde de ese mismo día. ¿Qué pasó? El presidente no soportó las quejas del Equipo Económico, con cuyos integrantes discutió ella la semana pasada.
“Ovaléma ko asunto (ya basta este asunto)”, dijo Duarte Frutos a un cercano.
La última pulseada
El último enfrentamiento de Mónica Pérez en el Equipo Económico se dio específicamente con el ministro de Hacienda, Ernst Bergen, quien rechazó la idea de unificar el presupuesto administrativo y el presupuesto monetario.
La postura de Bergen de mantenerlos separados, tal como se había manejado en administraciones anteriores, fue ratificada por el Parlamento. Esta misma pelea fue la causante de las diferencias en el directorio de la banca matriz, que luego terminó con la renuncia de tres de sus miembros: Raúl Ayala, Diego Martínez y Fernando Silva.
Otro conflicto, que se solucionó solo con la intervención del presidente de la República, a través del procurador general de la República, fue el enfrentamiento con los gremios sindicales.