El síndrome de Estocolmo es un estado psicológico en el que la víctima del secuestro o persona detenida contra su propia voluntad desarrolla una relación de complicidad con su secuestrador. Un niño o adolescente que es víctima de secuestro tiene mayor riesgo de padecerlo, según el siquiatra Víctor Hugo Espínola.
La consulta fue planteada al profesional luego de la liberación de Arlan Fick (17), quien se encuentra con su familia, luego de permanecer secuestrado desde el 2 de abril por miembros del Ejército del Pueblo Paraguayo (EPP).
El profesional señaló que es como una especie de mecanismo de defensa de la víctima que no puede responder la agresión de sus captores.
Así pretende evitar un shock emocional y se produce una identificación con el agresor. Se desarrolla un vínculo al aparecer sentimientos de identificación, de simpatía y agrado por el secuestrador, según lo mencionado por el especialista en siquiatría y jefe de admisión del Hospital Neurosiquiátrico.
“Si es un adolescente, con mayor facilidad se puede influir en él y convencerlo sin problemas. Sin embargo, en un adulto es menor la posibilidad, pero se da esa probabilidad”, explicó el siquiatra.
Por su parte, la psicóloga Karina Pérez, del Ministerio Público, dijo que los que padecen de este síndrome asumen, aceptan y hasta justifican el accionar de los secuestradores.
Señaló que manifiestan cambios de conducta, extrañan el ambiente en el que estuvo (lugar de cautiverio).
Explica que depende de la personalidad de cada víctima y la formación familiar.
Las víctimas no exteriorizan sus sentimientos y eso forma parte del cambio de conducta, según Pérez.
“El lenguaje no verbal dice mucho más que lo que pueda expresar con palabras la persona (gestos, miradas, comportamiento, reacción). Es importante saber que no todo va a contar la víctima. La asistencia de profesionales juega un papel importante, dijo.
La misma considera que en estos casos , lo fundamental es darle el espacio y el tiempo al afectado. Se debe evitar la presión, ya que por el secuestro se atraviesa por un estrés post traumático que se genera por el cambio brusco y el corte de vínculos familiares.
El apoyo familiar y el tratamiento médico inmediato son fundamentales ante este drama que se puede tratar y superar, señalaron los profesionales.