Siglos atrás, la mayoría de las mujeres era madre antes de los 20 años, eso era lo normal. Para varias culturas de hoy, esto entra en la categoría de embarazo adolescente (entre los 15 y 19), porque el cuerpo y la mente aún no están lo suficientemente maduros para criar a un hijo.
En la actualidad, un creciente número de mujeres, especialmente aquellas que estudian y trabajan, elige postergar la maternidad. La razón de esta elección obedece principalmente a que varias prefieren desarrollarse primero profesionalmente y luego formar una familia.
“Categóricamente va en aumento la cantidad de mujeres que deciden ser madres por primera vez después de los 35 años. Los fenómenos sociales del siglo XXI hicieron que las parejas vayan postergando cada vez más su deseo de gestación. Entendemos esto como consecuencia de los ritmos de vida impuestos por la sociedad; la razón laboral de ambos miembros de la pareja, la necesidad de completar estudios y llegar a niveles altos, el aumento del costo de vida dan como resultado la disminución voluntaria de las tasas de embarazo por familia”, indica el ginecobstetra Pedro Pablo Guanes Nicoli, máster en Reproducción Humana y director médico de la clínica Gibir.
Casos más frecuentes
“Desde muy joven tuve claro que alguna vez quería ser mamá y tener una familia, también creía firmemente que una mujer debe realmente desear tener hijos y también que ellos lleguen en el momento indicado. Para ello, a mi criterio, debía tener una vida ordenada, prepararme emocionalmente y, por sobre todo, encontrar a la persona indicada. Entonces hice mi parte: estudiar, tener una profesión y lograr un ingreso estable”, cuenta Mirian Mongelos (37), gerente de proyectos del Comité Paraguay Kansas. Ella está casada y tiene un hijo de un año llamado Santiago.
A pesar de que Mirian no se fijó una edad para ser madre, afirma: “Quizás consciente o inconscientemente pensaba que la maternidad, el hecho de traer una vida al mundo, era una responsabilidad enorme que no debía tomarse a la ligera, porque esa personita va a depender de vos, requerir tu tiempo y atención. Por eso tampoco debe ser una decisión tomada por cuestiones sociales o algún tipo de presión externa”.
“En la actualidad, las mujeres ejercen diferentes roles, todos importantes y necesarios para su desarrollo emocional, socioeconómico y cultural. Esto requiere tiempo, dedicación y mucha concentración, lo cual las hará sentirse más seguras de poder criar a sus hijos con libertad, de un modo más independiente, desde el punto de vista económico y porque, además, han hecho conciencia de que la maternidad, más que nada, es un compromiso personal y no una obligación de género”, explica la sicóloga Graciela Arce.
En gran parte de los países europeos, el promedio de edad en que las mujeres deciden tener su primer hijo es de 30 años. A la cabeza va el Reino Unido, seguido de Alemania y después Italia. A nivel nacional, la tasa global de fecundidad se redujo 42%, de 4,3 hijos a 2,5 por cada mujer. Aunque es entre las mujeres de 20 y 29 años donde se produce la mayor cantidad de nacimientos, según la Encuesta Nacional de Demografía y Salud Sexual Reproductiva 2008 (Endssr).
Si bien en el país los casos de mujeres que demoran en tener su primer hijo no son altos, a medida que ellas prioricen sus carreras, la tendencia se impondrá.
Mayor disfrute
“Un embarazo deseado hace que la madre disfrute mucho más de su periodo de gestación y de su maternidad, lo cual influye positivamente en el niño que está por nacer y le aporta mucha seguridad. Además, una mujer adulta piensa qué va a ofrecer a sus hijos, como una buena educación y por sobre todo felicidad, lo que está asociado a las posibilidades socioeconómicas de la familia. Por esto también, la maternidad en mujeres de más de 30 años es más vista en la clase media para arriba”, afirma la sicóloga.
El caso de Mirian se adecua a lo descrito por la especialista. “Creo que el haber sido madre después de los 30 me dio más seguridad. Me siento capaz de enfrentar con esta personita todo lo que venga. Aparte, mi embarazo fue perfecto, no tuve problemas en seguir mis actividades normalmente. Solamente en la última etapa tuve un inconveniente, porque Santi nació tres semanas antes de lo esperado, fue lo único anormal del proceso, el cual lo viví plenamente”, confiesa y adelanta que le encantaría tener otro hijo. Y si no se da por medios naturales, contempla la posibilidad de adoptar.
Naturalmente, la disponibilidad de óvulos en cantidad y calidad disminuye a partir de los 30 años, según el doctor Guanes, y lo llamativo es que a los 35 años se van presentando puntos de corte muy bien establecidos, así como a los 38, 40 y 44 años. En síntesis, la edad avanzada va restando capacidad reproductiva a la mujer, y esta se ve mermada tanto en forma natural como artificial, es decir, las dificultades para concebir se dan incluso con técnicas de reproducción asistida de lo más complejas.
Riesgos y alternativas
“En realidad, el mejor periodo de fertilidad de la mujer es entre los 25 y 35 años, porque durante este lapso el organismo va seleccionando los mejores óvulos que puede ofrecer a la reproducción, y con esto las chances de lograr un embarazo serán más altas. Conforme pasan los años, la reserva de óvulos disminuye, lo que viene determinado ya desde el periodo embrionario y con cada menstruación. Entonces la mujer podrá quedar embarazada, pero el porcentaje será menor cuanto más avanzada sea la edad”, resalta el médico.
A partir de los 35 años, los riesgos de embarazo se dividen en dos grupos, según el especialista. El primero se refiere al materno, en el cual el embarazo puede acompañarse de hipertensión, diabetes, partos prematuros y un alto porcentaje de abortos espontáneos. Mientras que el segundo peligro se refiere al fetal, como alteraciones cromosómicas de número o estructura, las cuales tienen como resultado niños con síndromes.
Entre las alternativas de reproducción asistida, en el país están disponibles procedimientos sencillos como la inseminación artificial (introducción de espermatozoides en el aparato reproductor de la mujer), pasando a lo más complejo como la fecundación in vitro (realizada fuera del útero), la inyección intracitoplasmática de espermatozoides (inseminación del óvulo a través de una microinyección de un espermatozoide), los cultivos de embriones, la congelación del semen, los embriones y óvulos, junto con la donación de gametos. Todos estos procedimientos se realizan en la clínica Gibir.
“Particularmente, la congelación de óvulos ha ganado un llamativo lugar por razones oncológicas, como por ejemplo, mujeres que deciden congelar sus óvulos antes de someterse a quimioterapia, radioterapia o cirugías en las cuales exista la posibilidad de dañar o perder los ovarios. Los óvulos, al igual que los espermatozoides y embriones, pueden estar congelados por años sin riesgo para la estructura de los mismos. Nuestra clínica tiene espermatozoides congelados desde hace 15 años, embriones desde hace 14 años y óvulos desde hace cinco años, con resultados de embarazos en todos los casos”, asegura el máster en Reproducción Humana.
Cada mujer tiene la libertad y el derecho de elegir cuándo será madre. Postergar este rol trae consigo beneficios y riesgos que en cada caso deben ser evaluados.
Texto: Natalia Ferreira Barbosa
Fotos: Fernando Franceschelli.