21 ago 2026

Marta Delgado, toda una vida dedicada a los demás

Solidaridad. Encontró en la beneficiencia la manera de ayudar y lleva el amor que profesa como bandera. Su incansable trabajo la hizo conocer de primera mano que la necesidad no siempre es material, a veces un abrazo y oídos que escuchen sin juzgar son lo más necesarios.

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“Mi mayor deseo es que esta semilla (la solidaridad) crezca de generación en generación”, afirma con palabras y hechos Marta Irene Delgado viuda de Meza, coordinadora general en Paraguay de la Fundación Tzu Chi, organización de origen taiwanesa enfocada en la ayuda humanitaria, la beneficencia médica y la asistencia social.

Recientemente, la oenegé celebró el Día del Niño con una tarde llena de color y magia para los más pequeños cuya suerte no es la mejor. Lo más meritorio es que involucró a jóvenes estudiantes en esta actividad llena de entrega, para sembrar en ellos una semillita de amor por los demás. Varios de ellos incluso expresaron sus ganas de ayudar en otras actividades.

La enriquecedora experiencia es una de las tantas propiciadas por esta mujer, que trabaja desde hace casi 3 décadas llevando a quienes más necesitan caridad, educación, medicina y humanidad, principios fundamentales de la entidad. “La importancia de la beneficiencia es que cuando las personas sufren una situación de vulnerabilidad, la fundación Tzu Chi les visita, comparte con ellas. Muchas veces no es solamente lo material que llevamos, sino también compartir con ellos un abrazo y escuchar sus inquietudes, eso también les beneficia”, afirma.

Acompañada de un extraordinario equipo, su familia y otros grandes colaboradores, y fiel a su estilo de ayudar sin pausa, hoy Marta tiene un nuevo desafío. “Tengo un niño de 13 años con cáncer de hueso. Hace 3 meses me están pidiendo ayuda. He golpeado muchas puertas. La Diben prometió que le iba a ayudar con 35.000.000 de guaraníes, porque la prótesis sale 85 millones. En este momento, yo estoy preparando un PPT para enviar a Taiwán por si alguien puede completar ese faltante de dinero y darle esa felicidad a ese niño. Él pide como regalo por su cumpleaños conseguir esas prótesis”, cuenta la mujer.

Profesar con el ejemplo. Marta inició este camino con su esposo Juan Meza, que hasta sus últimos días trabajó con un amor extraordinario y sin pausa a beneficio de quienes más necesitan, y él hombre predicó con el ejemplo, ya que más de una vez de sus propios recursos donó a la causa de la fundación, además de brindar ayuda internacional, y en un inmenso acto de generosidad dono sus corneas permitiendo a otras personas recuperar la vista.

Teniendo como ejemplo al jefe del hogar y a Marta, sus hijos Juan, Molly, Lía, Alfredo y Pedro están muy involucrados con todo lo relacionado a la ayuda humanitaria, varios de ellos desde su profesión de médicos y los demás desde donde les toca. Incluso sus nietos Magalí, Fiorella, Emma, Isabella, Eliane, Sebastián, Sofia, Jimena y Benjamín trabajan con su abuela con tareas acordes a sus edades.

“El legado que yo quiero dejar a mi familia es que ellos continúen este camino que con su papá hemos lanzado (…), estuvimos caminando al lado de los afectados en el Ycuá Bolaños toda la familia, había hijos todavía chicos, pero se iban aunque sea a repartir una botella de agua a los afectados. Mis hijos caminan a nuestro lado en Tzu chi, y yo quiero que ellos continúen este camino de gran amor que nos enseñó la maestra Cheng Yen”, asegura.

Un poco de historia. Marta Delgado cuenta que una gran inundación, una desgracia, fue también el puntapié inicial para que voluntarios Fundación Tzu Chi de Argentina lleguen a Paraguay. Fue en el año 1992 y a partir de allí año tras año traían ayuda humanitaria. “Ya en 1996, de la mano de la señora Wang Meig Piug y Ani Tsao se creó la Fundación Tzu Chi en Paraguay, hace 30 años”, recuerda.

Desde entonces, y hasta hoy, como coordinadora general en Paraguay de la entidad taiwanesa, trabaja incansablemente para ayudar a quienes necesitan.

En palabras de Marta los principios de la fundación son los mismos desde su creación en el año 1966, cuando la gran por la maestra Dharma Cheng Yen creo la fundación en Hualien, Taiwán, invitando a 30 amas de casa a hacer alcancía de bambú y depositar 50 centavos cada día. “Cuando una le preguntó a la maestra si podía depositar 15 centavos al mes, la maestra contestó, sí, pero el amor hay que dar todos los días”.

De su primera intervención, en el año 2000, en el Parque Caballero donde la fundación llegó con una gran asistencia médica para más 3.000 personas, Marta no deja de emocionarse al ver como “un grupo pequeño de personas puedan hacer tanto por el país”.

Pero su historia benéfica personal arrancó antes, pues era funcionaria del Centro de Salud Número 3, donde como asistente social recorrió varias zonas necesitadas, “cuando mis pacientes enfermos no acudían a llevar su medicamento, impulsada por el Dr. Adolfo Galeano y otra licenciada, nos íbamos a buscar su casa en los bañados y llevarle el medicamento. Un señor un día me dijo que si todas las personas le miraran a la cara cuando le hablan él sería feliz, y ahí me di cuenta de que las personas aparte de ese medicamento, necesitaba amor”.

Al conocer Tzu Chi supo que encontró su lugar, “me mostró que ahí está todo lo que yo quiero dar, ayudar a los necesitados, dar amor, dar compasión”.

En pandemia, la labor de la fundación marco la diferencia para miles de familias, “un día no descansamos en la pandemia, nos íbamos a llevar su kit mensual a los abuelos de Bañado Tacumbú y Bañado Norte cada mes. Cuando los hospitales estaban saturados, estábamos en emergencia y con la premisa de donar una cama, es salvar una vida, sumamos muchísimos colaboradores de todo el país y el extranjero”, recuerda emocionada al mencionar que gracias a la ayuda compraron 43 camas de 3 movimientos y llevaron a los hospitales de referencia de Tzu chi.

Sueño pendiente. Altruista en esencia, el sueño pendiente de Marta es por y para los demás. “La vida me ofreció tantas bendiciones porque tengo cuatro hijos médicos, casados con médicos; y quiero llegar a mi sueño de crear a una clínica médica para ayudar más a los necesitados, deseo que cada uno en su especialidad atienda por lo menos dos veces a la semana en la clínica, ayudando a esa gente que no puede acceder rápido a estudios o análisis, y en la clínica darle totalmente gratuito eso. Sueño con eso de ayudar más porque nosotros dentro de la asistencia médica en Tzu Chi hacemos eso, pero tener un lugar donde las personas digan ´me voy a la clínica Tzu Chi o la clínica Master Cheng´”, finaliza diciendo Marta, cuyo ejemplo de vida es digno de imitar.

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Manta reciclada

Entre la ayuda humanitaria que la fundación Tzu Chi acerca a quienes lo necesitan está la famosa manta ecológica elaborada a partir de botellas de plástico PET recicladas. Creadas por la Fundación en Taiwán, estas mantas destacan por transformar residuos plásticos en un recurso textil suave, duradero y térmico.

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Grandes satisfacciones

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A lo largo de sus años de entrega, Marta vivió momentos duros, pero tantos o más momentos de satisfacción, en especial al ver la sonrisa de los beneficiarios.

Según ella, lo maravilloso de la solidaridad es el efecto multiplicador, al recordar que durante una entrega de víveres en La Colmena un señor explicó que llegó tarde porque debía dejar comida para sus hijos, porque su señora estaba enferma. “Me dijo, ‘necesita una prótesis de 50.000.000 y no tenemos (…), ella ya va a quedar en cama de por vida’. Le dije, señor, lleve a su esposa a Emergencias junto a este doctor, que es mi yerno. Y después de la evaluación, vamos a solucionar la situación”.

A lo largo de un año juntó lo que esa paciente necesitaba, con la ayuda de sus hijos médicos y la Diben. “Se le hizo la cirugía en el hospital de Lambaré, y la señora está caminando perfectamente”, cuenta emocionada . “Eso deja huellas en uno”, dice Marta, quien junto a los demás miembros de la fundación decidieron en 2018, además de seguir con sus obras en Asunción , llegar a otros rincones del país, como Caazapá, Alto Paraná, Ñeembucú, Caaguazú, Chaco, Villarrica y otros.

“Ver la sonrisa de la gente y ver el agradecimiento es importante (…), me doy cuenta de que un granito de arena le da esa felicidad en ese momento”.

Para Marta, la empatía “es vivir con esa persona su situación, comprender su situación, llevar adelante sus necesidades y respetar por sobre todas las cosas el momento que ellos están pasando”.

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