Política

“Marito tiene que entender que se debe a los paraguayos y no a Bolsonaro”

La sacudida política no ha pasado, habrá más turbulencias, advierte el ex senador, para quien el presidente de la República aún debe dar explicaciones sobre el acta firmada con Brasil, y el vicepresidente debe irse.

Para el analista jurídico y de política internacional, ex senador del partido Patria Querida, no es poca cosa ocultar un acta, aunque sea bilateral, vinculada a la empresa hidroeléctrica más grande, como la Itaipú, que es clave para el desarrollo del presente y del futuro del Paraguay. “Esto no debió suceder”, dice, y lamenta que además desde el Poder Ejecutivo se haya querido minimizar el hecho. “Al ya patético descubrimiento de que ese acta se suscribiera el 24 de mayo y recién 60 días después se de a conocimiento, es inevitable que se sume una fuerte sospecha hacia quienes evitaron poner a la luz pública. Por eso, afirma, que esta “sacudida política que tenemos hace más de 10 días, realmente es muy fuerte y, con razón, no tiene todavía visos de estar finalizada. Aún vamos a atravesar turbulencias”.

–¿Por qué considera grave el que inicialmente se haya pretendido minimizar y hasta resaltar como un gran logro la firma del acta del 24 de mayo último, suscripta entre las altas partes de Paraguay y Brasil sobre energía contratada de Itaipú?

–Porque es un acta que contiene decisiones que realmente pueden ser materia de un acuerdo internacional. En realidad se puede llamar tratado, protocolo, convenio, nota reversal. Acá la denominaron acta bilateral, pero tiene resoluciones que afectan al Tratado de Itaipú, que afectan a la modificación de los estándares admitidos en la normativa de la binacional y, encima, a una tarea de reglamentar un beneficio concedido, aunque sea de hecho, desde hace 12 años a favor del Paraguay. Esto debía ser materia de un documento que tenía que pasar inexorablemente por materia legislativa.

–Lo cual no sucedió...

–Por eso es una cuestión grave. Ahora entramos en el detalle, en el menudeo de la información, y así nos enteramos que había sido el vicepresidente de la República tenía un gestor que estaba tramitando con una empresa brasileña, que alguien ordenó que se excluyera el punto 6 en el mencionado acta, el cual liberaba la posibilidad de concretar la venta de energía al mercado brasileño. ¿Quién dio la orden? El vicepresidente no pudo explicar a Diputados sobre este tema. Por eso sigue siendo materia de un tratamiento para separación de su cargo.

–Siguen arrojando más detalles que comprometen la participación del vicepresidente, Hugo Velázquez, por medio de un abogado, en este frustrado negocio de la energía excedente de Itaipú. ¿Le parece que sería sano separarlo del cargo?

–Creo que si había un mínimo de decoro y de respeto a la propia dignidad que ostenta quien asume la responsabilidad de ser parte de la cabeza del Ejecutivo, debió haber procedido de esa manera; y si él estaba realmente convencido de que no tenía nada que ver, tenía que haber dado respuestas más concretas y claras.

Si no tuviese nada que ver con el hecho que generó la crisis, cuando se le pidió que exhiba su teléfono para transparentar cuáles fueron sus contactos y sus relaciones, hubiese puesto todo a disposición para transparentar el tema, y no fue así.

De ahí genera un fuerte componente para finalmente proceder a lo que en términos comunes está legislado en la Constitución, que es el juicio político.

–¿Y el presidente Mario Abdo Benítez?

–El presidente de la República tiene que salir a dar una aclaración también. No bastó lo que dijo el jueves. El tiene que dar una respuesta más acabada y más completa para que fortalezca, primero su propia credibilidad; luego, la de las instituciones.

Está en juego eso. Y si como consecuencia le tiene que soltar la mano al vicepresidente, lo deberá hacer. Ese ejemplo necesitamos nosotros para avanzar hacia la consolidación de la democracia, para retomar la confianza de la ciudadanía.

Una ciudadanía que no solo desconfía del presidente, del vicepresidente o de tal o cual ministro, sino de todo lo que haga referencia a la dirigencia política. Todos hemos caído en el descrédito a raíz de tantas situaciones que han generado una desconfianza de este forma degenerativa de la política, que es la politiquería, y que es un banquete del que muchos comensales no se resisten a dejar de participar.

Es el banquete de las prebendas, las clientelas, etcétera. Y mientras esa matriz cultural no sea superada, vamos a seguir padeciendo estos problemas que nos impiden a los dirigentes reunirnos en un elevado afán de hacer un gran pacto social, económico y político que por lo menos agende 7 a 8 puntos decisivos para el país, sea quien fuere el Gobierno de turno.

–¿Quedó anulado el acta bilateral sobre Itaipú, del 24 de mayo pasado, mediante el acto de firma de otro acta el pasado jueves en Cancillería, por el que el Paraguay comunica que deja sin efecto el documento anterior?

–Hay que entender esto: Que se anule el acta no significa que se renuncie a las aspiraciones u objetivos que ya se expuso con anterioridad. Nosotros sabemos que se cometieron errores, y que estos no se deben volver a repetir, pero no sabemos de cómo va a estar la otra parte, es decir, Brasil. Entonces, esto es empezar de nuevo. Por eso, los que van a ser los negociadores de este tema, aunque haya cambiado de instancia, volviendo a lo técnico, deben asegurar que la gestión sea transparente. Tiene que ser seguida atentamente por la ciudadanía, porque fíjense que en un párrafo del acto del 24 de mayo ya se habla del 2023. Entonces con mayor razón, si se habla de cronogramas, que se acuerde un documento internacional y que se remita al Congreso para su consideración. Si se va a repetir de alguna manera episodios que toquen la normativa vigente de Itaipú, llámenle como le llamen, tiene que ser remitido al Congreso.

–¿Qué demostró de Mario Abdo Benítez esta primera gran crisis?

–Que él no ha logrado conformar un equipo que realmente lo lleve adelante, que le complemente las áreas que él no tiene y que le sea eficiente en la gestión y en los planes. Aunque no veo planes, ni decisiones orgánicas. A lo mejor ahora, con la crisis que se ha desatado, toma la decisión de consultar a la sociedad, de abrir estos temas de la política internacional, como la renegociación del anexo C del Tratado de Itaipú, prevista para el 2023, que son políticas de Estado, y que van a definir el presente y el futuro del Paraguay.

La decisión la tiene que tomar él, porque es la cabeza y tiene la responsabilidad principal en la gestión y administración del Estado.

El presidente tiene algunos aciertos, sobre todo en la persecución al crimen organizado, en la que ha tenido algunos éxitos, y en la decisión política de acompañar, y no frustrar las inéditas decisiones políticas que se tomaron en el Congreso, como el que 5 a 6 legisladores se hayan ido a sus casas, por hechos de corrupción, abandonando los curules. Algo que en mi época en el Congreso ni se soñaba.

Son aspectos que no se pueden negar. Además, tiene un lenguaje político más moderado y desde el principio ha anunciado que termina su mandato y se va.

–Pero se le señala como debilidad una falta de liderazgo...

–Por eso tiene que abrirse a la sociedad y demostrar que tiene esa actitud. No solamente en la retórica, sino con hechos concretos. Tiene aún la oportunidad de hacerlo, porque se están cumpliendo apenas 12 meses de gestión, aunque perdió un tiempo importante, y ya tuvo todas estas tensiones que si él sabe administrarlas, pueden convertirse en oportunidades. No se puede seguir con la política del siglo pasado.

Nosotros tenemos que hacer saber a Brasil que acá hay un pueblo dispuesto a acompañar a sus autoridades, cuando estas abran la cancha y digan sobre Itaipú: “Pelearemos juntos la causa nacional”.

Esta se consolida y fortalece cuando hay transparencia y participación.

Si se consigue una buena negociación con el Brasil, un buen resultado en el 2023, ese va a ser un gran mérito para la historia del país, y Mario Abdo Benítez puede ser el autor principal de esto, o el responsable del fracaso.

Pero tiene que estar atento a esto, porque de eso depende también que los paraguayos nos sintamos conscientes de este reto y, si se dan las circunstancias, acompañar este proceso con estos criterios.

–Pero lo que hemos visto en estos días con las intervenciones del presidente brasileño Jair Bolsonaro sobre el tema Itaipú, criticando a los gobiernos que le precedieron, por supuestas concesiones a los paraguayos, reduce las expectativas sobre la negociación sobre la hidroeléctrica. Además, de los salvavidas que arrojó a Mario Abdo Benítez para ayudarlo a zafar el juicio político…

–Bueno, esa sensación tiene materia en que aferrarse, pero más allá de eso, Mario Abdo Benítez tiene que comprender que es el presidente del Paraguay, no el amigo de Bolsonaro. Y ahí está fundamentalmente la diferencia. Puede mantener una relación cordial, de buen vecino, pero él es el presidente de los paraguayos. Yo creo que el amigo Bolsonaro no va a resultar, porque en las relaciones internacionales no hay amistades, hay intereses, y cada uno defiende los suyos.

Bolsonaro va a usar su amistad (con Abdo Benítez), como la han usado otros gobiernos, para tratar de buscar lo mejor para ellos. Y yo no critico que ellos busquen lo mejor para ellos, somos nosotros los que tenemos que atender qué es lo que mejor nos conviene.

Por eso que esto sucede, y gracias a la reacción ciudadana también estas cosas no pasan más inadvertidas, y cuidado los dirigentes, de no estar atentos a esas reacciones ciudadanas, nos van a cobrar, nos van a pasar la factura todos los días de nuestra vida.

A nosotros no nos van a dar ni un gramo de favor, ni nos han dado. Solo hubo concesiones, pero como consecuencia de que hay un gran aprovechamiento del Brasil de la energía de Itaipú. Han llevado el 90% de la energía, y nosotros aspiramos a que en el 2023 tengamos las condiciones de usar nuestra energía.

–¿Debe haber sanción a los principales artífices del acta del 24 de mayo y no solamente separar de sus cargos a algunos?

–Claro, porque justamente el problema nuestro es que por la impunidad que hay se siguen cometiendo las mismas corruptelas, los mismos latrocinios, los mismos robos.

Es un ¡viva cualquier cosa!, porque realmente se puede hacer de todo, y no hay castigo, no hay sanción.

Esto vemos que ocurre en las más elevadas instancias del Estado, hasta el último renglón y creo que es ahí donde está fallando también nuestra democracia.

No hemos logrado elevar al sistema de justicia a un nivel que realmente se ponga a la altura de un proceso democrático.

Tenemos aún padecimientos enormes de deficiencias institucionales, orgánicas y de recursos humanos también. Si no funciona el sistema de justicia, la democracia siempre va a estar renga.

Dejá tu comentario