Por Wilson Ferreira / HORA DEL ESTE
El comentario elogioso va seguido de un reclamo; “Es muy difícil llegar hasta el lugar, el camino está en muy malas condiciones y pese a los reiterados reclamos realizados, poco o nada ha cambiado en todos estos años”, relata Jose Ortega un canoero, que realiza la travesía sobre el Paraná, llevando a pasajeros hacia el lado Argentino.
Para disfrutar de la belleza de esta maravilla, se debe sortear primero angostos y mal conservados caminos. De Puerto Paranambú, casco urbano del distrito, ubicado a orillas del Paraná, se debe seguir un trecho de unos 10 kilómetros, hasta la colonia Ytaypyte Sur. En este lugar está la entrada del Parque Nacional Ñacunday, que tiene un área de 2.000 hectáreas.
En este punto el camino, que más parece un sendero que se abre en medio de la vegetación nativa del lugar, queda otro trayecto de unos 2 kilómetros, que por el mal estado de conservación se hace en unos 45 minutos. Los últimos 500 metros, debido a que el sendero está lleno de charcos de agua, es casi imposible hacerlo en vehículo, por lo que se sigue a pie.
EXUBERANTE. Ya en el lugar se puede observar una naturaleza exuberante y tupida. Los rayos de sol casi no llegan a la superficie. Al final del camino surge imponente la caída del agua. Un cercado sirve de seguridad para evitar que alguien caiga al precipicio, de unos 20 metros aproximadamente.
En medio de las aguas que caen se ve, en forma permanente, un arco iris, que da más realce al paisaje.
Después de observar el espectáculo de agua y mucho verde, se puede decir que vale la pena el sacrificado acceso. Los saltos del río Ñacunday, sin dudas, son una las maravillas de la naturaleza, desconocida y escondida en medio de una exuberante vegetación.