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En una sociedad cada vez más exigente, los partidos políticos son pragmáticos, recurren a los outsiders y se convierten en aparatos de captación de adhesiones o proyectos. La ideología y la doctrina pasan a segundo plano. Alejandro Tullio, titular de la Dirección Nacional Electoral de Argentina, analiza el tema en esta entrevista.
–¿Cómo ve a los partidos políticos en nuestra región?
–Los partidos políticos han sufrido transformaciones. Si el Estado ha sufrido transformaciones en estos 20 o 30 años, (han habido cambio de roles, competencias o capacidades) es lógico que los partidos también cambien, porque quieren gobernar.
–¿Cuáles fueron los motivos?
–La sociedad conquistó niveles de autonomía mayor. Se ha ido modernizando. Ha habido avance, hay más educación.
–¿Los partidos ya no tienen el monopolio de la representación?
–Los partidos ya no son los que vienen del monopolio de la representación; deben aprender a convivir con otras expresiones representativas y también con muchos ciudadanos que no quieren sentirse representados por un partido.
–¿No siguen a un grupo?
–No siguen a un partido. En una elección vota por uno, en otra por otro, y su decisión es variante.
–¿La identidad política es también variante?
–La identidad política es de algunos, pero no de todos. Hay muchos que no tienen identidad política, pero son tan ciudadanos como los demás.
–¿Ese es el campo difícil para las agrupaciones políticas?
–Probablemente, el destino de los partidos sea convertirse en organizaciones de cuadros políticos, en lugares de pensamiento, de reflexión y de propuesta.
–¿Partidos de aparato?
–De aparato, pero en el buen sentido; que no necesariamente arrastren miles y millones de ciudadanos, sino que les hagan una propuesta y que estos libremente elijan en una u otra ocasión, la que crean conveniente.
–El hecho de que los partidos busquen outsiders para ganar elecciones, ¿qué significa?
–Es parte de este fenómeno. Como muchos ciudadanos ya no se sienten identificados automáticamente con un color o con un partido, hay que ir generando lo que se llama democracia de candidatos. Es decir, candidatos que puedan lograr identificación social, puede ser un deportista, por ejemplo.
–La ideología es lo que menos importa ahí.
–Bueno, eso hace que se pierda la consistencia ideológica o programática de un partido político; pero genera identificación social. La sociedad se identifica con una propuesta.
–¿El partido se vuelve pragmático?
–Se vuelve pragmático, pero entre pragmatismo y oportunismo hay una barrera que hay que tratar de no pasar. Muchas veces ocurre eso.
–¿La vida partidaria o la militancia ya no es esencial?
–Es cierto también que la vida partidaria, por sí, no garantiza nada; no garantiza eficiencia, no garantiza calidad y no asegura una buena representación. Entonces, muchas veces, la experiencia de un empresario, un deportista, un profesor universitario e incluso de alguien de los medios masivos de comunicación que tenga una convicción y que adscriba un programa político, puede ser tan importante como la experiencia de un dirigente político.
–¿No hay que descartar al outsider?
–No hay que descartar al outsider automáticamente. Lo que debe quedar claro es que cuando cumple una función gubernamental o institucional, la representación es esa y no la misma que tenía en la profesión de origen.
–¿Siendo gobernante, debe estar vinculado al partido?
–Bueno, en realidad es una cuestión de interés recíproco, porque el partido le convocó (al outsider) para poder ganar una elección, tal vez. Entonces, es razonable que él ponga ciertas condiciones al partido, porque si no era por él probablemente no hubiera ganado.
–¿Y viceversa?
–Viceversa... No es que el partido le tenga que poner condiciones a alguien que ya tiene una representación institucional. La propuesta la hace el partido, pero la elección la hace el pueblo. La representación del pueblo es más importante que la del partido.
–El partido no puede condicionar...
–Un partido no debe condicionar a sus electos, ni a sus diputados ni a sus senadores ni a su presidente (de la República).
–Entonces, ¿cómo se debe producir el relacionamiento?
–Lo que debe tener (el partido) es un sistema de diálogo y de vida para llevar adelante su programa.
–¿Implica un proyecto?
–Todos los partidos políticos deberían ser la cuna de un proyecto político; no siempre lo es.
–Usted habla de tres tipos de democracia. ¿Cuáles son?
–Uno es la democracia de partidos, que es aquella donde estos tienen todo el monopolio de la representación. Entonces, el partido es más importante que el candidato. El partido marca la línea y la disciplina.
–¿El otro?
–Otro tipo de democracia es la de alianza. Aquí los partidos difuminan su propia doctrina, cambian la marca, se presentan como una cosa renovada, se juntan entre varios y proponen un candidato.
–¿Y el tercero?
–La democracia de candidatos, donde el candidato es más importante que el partido.
–Según su critica, ¿este es el mejor tipo de democracia?
–En realidad, no critico ninguna. Tampoco puedo asegurar que un tipo de democracia sea mejor que otro. En cada momento histórico hay circunstancias que hacen que se adopte uno u otro. Lo importante es que los partidos políticos deben adecuarse a la realidad y no la realidad a los partidos.