Cualquier actividad, lúdica, deportiva, intelectual o de aprendizaje, como por ejemplo el estudio de algún instrumento musical, es una buena opción para que los chicos no se aburran en tiempo de vacaciones.
Los paseos y salidas a plazas, parques y espacios públicos, visitas al zoológico o museos también forman parte de las tareas recomendadas por expertos para estos días.
Entre las actividades lúdicas se recomiendan desde caminatas y paseos en bicicletas hasta la vuelta a los viejos juegos que los padres y abuelos pueden desarrollar con los niños, como la confección de pandorgas, jugar a las bolitas o saltar a la cuerda.
Estos juegos se pueden desarrollar al aire libre, y además de servir de recreación, pueden ayudar a afianzar los lazos familiares.
El sicólogo Javier Leiro indica que los padres pueden compartir con los hijos esos momentos o incluir otras actividades que se puedan desarrollar en familia, en el patio de la casa, en una plaza vecina, frente a la computadora o jugando un juego de mesa.
Recuerda que estas actividades son en su mayoría gratuitas, y que ayudan a crear el lazo afectivo entre padres e hijos.
El compartir un juego con los padres refuerza la conducta en los niños y jóvenes, y crea el recuerdo más importante, al ser una actividad placentera y gratificante.
Los juegos son una vía de comunicación y a través de ellos los chicos pueden interactuar con otros niños o con sus familiares y al mismo tiempo, aprender.
Mediante el juego, además se crean vínculos, los niños aprenden a simbolizar el mundo que les rodea y potencian sus capacidades. Tienen espacio y tiempo para elegir, compartir y expresarse libremente.
JUEGOS. Este tiempo puede ser ideal para compartir actividades cotidianas en familia, desde pequeñas responsabilidades, como arreglar la cama, hasta la colaboración en actividades hogareñas más complejas.
Se puede enseñar a los niños a cocinar platos fáciles y dulces, a construir juguetes o a crear y narrar cuentos y otras obras, y comentar su contenido.
Lo niños también pueden participar de actividades tradicionales de esta época, y se recomienda acompañar a los hijos en el acceso a internet, para orientarles acerca de sus influencias positivas y negativas.
COMPARTIR. A través del esparcimiento, los padres no sólo pueden incentivar la creatividad de los hijos, sino además el sentido de responsabilidad y la actitud de compartir.
Entre las tareas que se pueden realizar sin salir de la casa figuran aquellas que fomentan el talento, como el juego de ajedrez o rompecabezas, ludo, dama o lotería.
Decir adivinanzas y trabalenguas, pintar a dedo, con crayolas o pinturas sobre papel reciclado, Lo digo con señas, aprender canciones a viva voz sin instrumentos y bailar diferentes ritmos.
En familia o en rondas de amigos se pueden realizar concursos de chistes, por ejemplo.
En el plano práctico, los expertos recomiendan que los padres jueguen con sus hijos al menos una hora por día.
Asimismo, la instalación de un sistema de reciprocidad, es decir, a una actividad propuesta por el padre, otra propuesta por el hijo.
LOS JUEGOS PUEDEN SER UNA FUENTE DE COMUNICACIÓN Y DE CONSOLIDACIÓN FAMILIAR
Según el sicólogo Javier Leiro, la sociedad actual demuestra una tendencia hacia los juegos dirigidos.
Asegura que los chicos ya no saben jugar solos, lo que se demuestra para cualquier padre, que en un cumpleaños se ve obligado a contratar payasos, globo loco u otra animación, en la cual los chicos lo tienen “hecho”, y no requieren su capacidad de inventiva, como era en otras épocas.
El experto indica que esta situación es un paso atrás hacia el verdadero sentido del juego.
“El juego debería ser disparador de la comunicación entre padres, abuelos e hijos, y debería hacer posible la transmisión de valores y tradiciones culturales, facilitar la alfabetización emocional y dar significado a las relaciones sin importar diferencias de edad o capacidades”, dice.
Recomienda que los padres “olviden” su edad para encontrarse con ese niño interno que una vez fue, como receta para conectarse a los hijos a través de sus juegos.
“Si el objeto es un juego de computadora, es probable que el adulto no tenga la posibilidad de enseñar, porque es el niño el que posee mayor habilidad en esa actividad. En cambio, cuando se trata del ajedrez o del dominó, es muy probable que el papá o el abuelo puedan decir que ellos jugaban con eso y les puedan enseñar a los chicos cómo lo hacían. Es una forma de proponer un diálogo. Y esto hace a la actividad lúdica y al desarrollo de una infancia distinta”, sostiene.
Diferencias. Leiro indica que el juego está muy olvidado. “En los chicos necesitados, porque tienen que salir a trabajar tempranamente y asumir roles de adultos, y en los de clase media, porque están llenos de actividades extraescolares y suelen ser consumidores de cibers y televisión”.
Afirma que los padres se olvidan de la importancia del juego infantil y proponen tareas en las cuales no se comprometen, perdiendo así una excelente herramienta que fomenta lazos inseparables, que crea hábitos y que enriquece la capacidad creativa, intelectual y lúdica del niño.
El sicólogo alerta que un chico que no juega muestra problemas, y uno que juega con poca creatividad tiene menos posibilidades de desarrollo. “Existen programas en diversos países en donde se invita a la familia a que concurra a jugar con su hijo. Que la mamá y el papá puedan ver en su hijo, más allá de sus dificultades, las capacidades que tiene y que también ellos se descubran como padres”, comenta Leiro.
Para el experto no debe importar que las obligaciones y el trabajo de los padres les ocupen el día.
“Lo importante es que siempre se reserve al menos un momento para convertirse, aunque sea por un rato, en princesas, piratas o contadores de historias”, recalca el sicólogo.
OPCIONES
Entre las actividades que se pueden realizar en familia se recomienda la asistencia al teatro, cines, lugares históricos, bibliotecas y paseos culturales.
También la práctica de deportes, que van desde la caminata, pasando por el fútbol o vóley, que se pueden jugar en el patio de la casa o en lugares públicos y entre los miembros de la familia.
Salir de paseo es otra opción agradable, pudiéndose aprovechar el tiempo para ir a la casa de abuelos, tíos o amigos.
Ver televisión, sobre todo, compartiendo entre padres e hijos puede ser muy divertido. Enseñar a los chicos a confeccionar y hacer volar pandorga o jugar a las rondas o carrera con y sin obstáculos, es un buen divertimiento. Asimismo, jugar a las canicas, la tiquichuela, el descanso y saltar a la goma.