18 abr. 2026

Los mutantes se enredan en el espacio-tiempo

Por Sergio Cáceres Mercado

Foto: UH Edicion Impresa

Foto: UH Edicion Impresa

caceres.sergio@gmail.com

Aunque esta nueva entrega de los X-Men es una secuela de la anterior, denominada Primera Generación (First Class), hay que tener en cuenta que la anteceden la trilogía principal y una deriva (spin off) con dos capítulos dedicados a Wolverine. En síntesis, con esta ya van siete películas y debía llegar el momento en que decaería la historia. Estamos ante una aventura en que la primera y la segunda generación se juntan con un viaje en el tiempo de por medio, y cuando este recurso se presenta en una película de ciencia ficción ya sabemos que habrán inconsistencias incluida la técnica del viaje en sí.

Para aquellos que gustan de captar todos los detalles, es bueno advertirles que las anteriores seis películas son necesarias haberlas visto si se quieren captar todos los chistes y giros que tiene esta nueva entrega. Es más, sea en el presente o sea en el futuro, casi todos los mutantes que hasta ahora aparecieron en la saga (menos en los de Wolverine) tienen al menos un cameo. Lo que de por sí implica un esfuerzo de producción enorme para volver a juntar a todos, por más breve que sea su aparición.

Por supuesto es Wolverine el héroe principal, convirtiéndose por el arte del viaje espacio-temporal en figura central del futuro de los X-men. El profesor Xavier y Magneto tienen una destacada aparición como era de esperarse, sin embargo, es Mistique la que se roba el protagonismo por ser la clave de toda la trama central.

Singer sigue teniendo una buena mano para dirigir esta saga, aunque el enrevesado guión juegue en su contra. Sin embargo, si algo hay que rescatar de esta película es la reconstrucción de los años 70, específicamente 1973. La dirección de arte ha estado impecable, pues ha puesto especial atención en cada mínimo detalle que nos recuerde con particular gracia aquel trascendental año. En ese sentido, es la música la estrella principal, y acá se debe prestar atención a la mágica escena donde todo se ralentiza en el Pentágono al ritmo de un clásico de la época.

Sin duda habrá más X-men luego de esta entrega. Pero no sabemos qué podrán inventar, pues las cosas se han complicado más aún. La trilogía principal siempre marca el norte y algunas cosas deben ser torcidas de ese original si es que se quiere seguir adelante. Solo como ejemplo repárese en que el profesor Xavier caminaba en la tercera parte de la trilogía. Luego en First Class se lo muestra paralítico, algo que esta nueva entrega no pudo solucionar.

En fin, este es el capítulo más complicado de la guerra de mutantes, y en ese sentido decae en calidad con respecto al resto. Sin embargo, mantiene el sello de lo mejor de Marvel hasta hoy y eso ya vale para recomendarla.