15 oct 2026

Los límites del oficialismo (colorado)

El 4 de octubre, Soledad Núñez ganó la intendencia de Asunción con 133.325 votos (47,8%), frente a 128.301 (46%) de Camilo Pérez, el candidato de la ANR. Fueron apenas cinco mil votos de diferencia, pero el resultado ilustra algo que va más allá de la capital. El Partido Colorado pierde fuerza cuando deja de ser, a la vez, oficialismo y oposición, y queda solo como oficialismo. Es decir, cuando en su interna gana el sector del gobierno de turno, la bandera del cambio tiende a pasar a la oposición.

Esta situación conecta con una tendencia regional antioficialista, visible desde 2018 en América del Sur. La historia reciente muestra que las elecciones se ordenan menos por ideologías que por la disputa entre oficialismo y oposición, marcando una diferencia respecto a los años 90, cuando hubo una ola de gobiernos promercado, o de los 2000, cuando la ola fue de gobiernos progresistas. Esas olas ideológicas dieron paso a otra regularidad, distinta: la derrota de quien gobierna, sea de izquierda o de derecha. Es lo que pasó en Brasil 2022, Argentina 2023, Uruguay 2024, Chile 2025 y Colombia 2026, y podría repetirse en Brasil en las próximas semanas.

Paraguay no es tanto una “isla rodeada de tierra” como parece. Aunque la ANR ganó las presidenciales de 2018 y 2023, lo que parecería una excepción a la regla regional, en ambos casos ganó un rival interno del presidente saliente. En la interna de 2017, Mario Abdo derrotó a Santiago Peña, candidato del entonces presidente Horacio Cartes, y en la interna de 2022 el propio Peña venció a Arnoldo Wiens, el candidato del entonces presidente Abdo. Así, en plena ola de derrotas oficialistas, la ANR fue, hasta 2023, el único partido de gobierno de la región que volvió a ganar una presidencial después de la pandemia.

Esto ocurre porque en el Partido Colorado las facciones compiten de forma permanente por el poder. De ese modo, la ANR le ofrece al votante la posibilidad de castigar al gobierno de turno sin salir del partido, y suma a su gran base de afiliados una parte del voto por el cambio, incluso de electores sin afiliación partidaria.

El mecanismo, no obstante, falla cuando la interna la gana el oficialismo. De manera paradójica, la fuerza de un movimiento con hegemonía interna debilita al partido como un todo. En 2008, Blanca Ovelar era la candidata del presidente Nicanor Duarte Frutos y, como tal, tenía limitaciones para ofrecer una bandera de cambio. Parte del voto colorado se fue entonces con Lino Oviedo, que venía del coloradismo, y Fernando Lugo ganó con 41% de los votos, contra 31% de Ovelar y 22% de Oviedo. La ANR perdió el poder por primera vez en seis décadas.

En Asunción, Fernando Martínez Escobar documentó una regularidad similar en su artículo “Paraguay no vota oficialismos”, publicado en Tereré Cómplice. Su trabajo muestra que desde 1991 la capital eligió siempre intendentes opuestos a la línea del presidente de la República, con una sola excepción, Evanhy de Gallegos, que ganó en 2006 como candidata de Duarte Frutos. En 2021, por ejemplo, Óscar Nenecho Rodríguez, de Honor Colorado, ganó sin ser el candidato del presidente Mario Abdo Benítez.

Este año, en Asunción, el mecanismo volvió a fallar. Camilo Pérez fue el candidato oficialista, esta vez del mismo movimiento que gobernaba la ciudad y el país. Pérez, presidente del Comité Olímpico Paraguayo, y sin trayectoria electoral, llegó como figura nueva y ganó la interna con más de 81 mil votos, contra casi 44 mil de Arnaldo Samaniego.

Aun así, enfrentaba dos desafíos. El primero era Soledad Núñez, una figura de perfil técnico y elevada capacidad política, que, de manera inusual en la oposición, logró articular una alianza que iba de Patria Querida, más a la derecha, al Partido Democrático Progresista y País Solidario, más a la izquierda e incluía al tradicional Partido Liberal. Estas fuerzas habían hecho una muy buena elección en 2021, cuando Eduardo Nakayama y Johanna Ortega sumaron 120 mil votos, a menos de dos mil de Nenecho, pero compitieron por separado. Además, en 2021 el candidato del cambio era Nenecho, porque lo que el electorado tenía en la memoria reciente era la gestión de Mario Ferreiro (2015-2019), quien había renunciado en medio de la pérdida de apoyos políticos, amenazas de intervención y denuncias de corrupción, de las que luego fue absuelto.

El segundo problema de Pérez era que esta vez el oficialismo municipal era de su propio movimiento, y esa gestión había fracasado. Nenecho renunció a la intendencia en agosto de 2025, presionado por una intervención y por acusaciones de corrupción que la Justicia aún no resolvió. Pérez cargaba así con un doble oficialismo, el municipal y el nacional.

Los números muestran dónde estuvo la diferencia. Pérez sacó 46% de los votos, casi lo mismo que Nenecho en 2021 (47,5%), y apenas tres mil votos más que la suma de los dos precandidatos colorados en la interna de junio. El candidato oficialista creció, pero no fue mucho más allá de la base partidaria, mientras la oposición, esta vez unida, se quedó con el voto del cambio, como hacía previsible la tendencia regional. La ANR, sin embargo, conservó sus 15 bancas en la Junta Municipal, como en 2021. El voto a la Junta, muy asociado a los incentivos del desbloqueo y a la capacidad organizativa del partido, se sostuvo, pero una parte de ese electorado votó contra el oficialismo a la hora de elegir intendente.

La pregunta de fondo es si esto anticipa las elecciones presidenciales de 2028. Honor Colorado ganó la gran mayoría de las internas municipales de junio y, hasta hoy, se comporta como la única forma posible de coloradismo. En Asunción, los 15 concejales colorados electos responden al cartismo y la disidencia quedó sin representación. Si el candidato de Honor Colorado se impone en las internas de 2027, aplastando a la disidencia interna, la ANR llegará a las generales como oficialismo puro, sin la bandera que le dio el triunfo en 2018 y 2023. Eso no asegura su derrota, porque la alternancia fuera del partido exige que la oposición repita a escala nacional la unidad que logró en Asunción, algo difícil en una elección a una sola vuelta, donde tiene que coordinarse antes de votar. Pero Asunción nos recuerda una lección: los oficialismos tienen límites, incluso en el país donde el partido de gobierno suma más de siete décadas en el poder, con la sola interrupción de 2008 a 2013.

(*) Investigador del Centro Interdisciplinario de Investigación Social (CIIS)

Director Ejecutivo de la UFAMEP (Unión de Facultades de Medicina Privadas del Paraguay)
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