César González Páez cesarpaez@uhora.com.py<br/><br/>Leo una noticia que inquieta, o que debería inquietarnos, o tal vez terminaremos por no asombrarnos ni reaccionar por todas las injusticias de este país que se hizo amigo fiel del infortunio. El cable informa que los niños escolares reciben, o debieran recibir, un desayuno o merienda humilde, pan y leche. Deberán esperar más de veinte días por el pan. En muchos medios de comunicación la noticia corre y todo el mundo está enterado, pero nadie hace nada. Si el tiempo es demora, eso lo sabe el hambre, y es casi un despropósito que esa triste novedad la tengan que padecer los estudiantes de la primaria. Y uno termina preguntándose si uno de los funcionarios que cobran su sueldo puntillosamente, o los legisladores que ganan más de lo que hacen, tuvieran que pasar casi un mes sin desayunar ni merendar. Eso sería impensable, inhumano, cómo les va a faltar el mínimo alimento a quienes se preocupan más por ellos mismos que por la suerte de unos escolares. ¡Qué comparaciones son esas! <br/><br/>Los que manejan cosas importantes del país no han agendado que gran parte de la riqueza humana y cultural del Paraguay está en esos niños que no tendrán pan y que se sientan en el suelo o bajo los árboles para poder estudiar. Leo en otra parte que en otra escuela los niños sí recibieron su ración de pan, pero no pudieron ingerirlos porque tienen moho, pan enmohecido y viejo como recompensa de la larga espera. Las promesas vienen por montones, pero el pan de cada día se hace esperar. <br/><br/>Causa vergüenza ajena que uno esté comiendo bien en su mesa y otros, en el otro extremo de la sociedad, ni miran pasar las migas. El hecho de considerar a la niñez como prioridad sólo figura (creo) en la Constitución Nacional, pero en el código de ética que viene incorporado al instinto más primario que hace que cada animal alimente a sus crías, no se observa en el diario acontecer de este mundo humano. <br/><br/>Si hablamos de espiritualidad, que lo más importante no son las cosas materiales sino los tesoros del saber y del alma, tendríamos que darle primero la tranquilidad de estar alimentados. Sería como decirle a un necesitado que deje de comer y se aliste en grupos de oración para ilusionarse de que Dios proveerá. Porque el Estado, mientras tanto, está más interesado en las reelecciones y en las movidas de la farándula política que se prepara para escaldarse unos a otros, porque para muchos la buena política es echarse la culpa unos a otros. Nadie se mira al espejo y todos arrojan la primera piedra. Mientras tanto, las noticias no cambian para los sufridos escolares que ven pasar los días sin una hogaza, sin un bollo. <br/><br/>Si este comentario sirviese de algo, me gustaría que les pique en algo la conciencia a los responsables de proveer, para que se den cuenta de ese grave faltante alimentario–moral, porque el futuro no nos pertenece sino a ellos, y así va el mundo con los que vendrán después. La eterna moneda del recambio. No somos más que eslabones que han perdido su contacto con el otro. ¿En qué lugar se rompió? ¿Cuáles son las causas para que no podamos considerar las urgencias de los que menos tienen y que no debería faltarles nada para que nosotros estemos mejor? ¿Cómo se enciende un faro como ése en la mente de los hacedores de infortunios? Decimos, y bueno, así es la vida, como si no pudiésemos cambiarla, por lo menos en eso de dar prioridad a los que se esfuerzan para recibir los mínimos conocimientos de nuestra era globalizada, para que un día puedan ser útiles a la sociedad. Sin pan se está promoviendo la desidia, la ignorancia o, lo que es peor, la indiferencia con sus letales efectos para la cosa pública que se manifiesta a la hora de los votos. Entonces, en vez de pan tendremos que tragar sapos y culebras que se esconden muy bien en ese escondrijo llamado “lista sábana”. <br/><br/>Hablo a los responsables de proveer el alimento básico, háganse el favor de dar el buen pan, sin moho ni demora a quienes están haciendo algo positivo en este Bicentenario, que no es celebrar las cosas que ocurrieron en el pasado, sino y también lo que esperamos del porvenir que le espera al país. Algo que parece lejano, porque resulta que ese relevo esperanzador que son los escolares, los que podrían darnos gratas sorpresas de talento y creatividad, pasan los días sin pan.<br/><br/>