Opinión

Los campos de exterminio que no queremos ver

Gustavo A. Olmedo B.

“Ojos que no ven corazón que no siente”, señala una popular frase, que de forma sencilla y sintética refleja una cuestión clave: El constatar una realidad tiene una fuerza mayor que cualquier idea o pensamiento; nos hace ser “parte” de ella.

Durante la Segunda Guerra Mundial, si bien se sabía de la existencia de los campos de concentración nazi, dicen las investigaciones que no se tenía claro lo que realmente ocurría en ellos, y cuán ciertas eran las historias de horror que circulaban al respecto. Nadie tenía una descripción clara y exacta de lo que estaba sucediendo, pues el exterminio de los judíos se realizaba con reserva.

Y no sería sino en abril de 1945, cuando el mundo comenzaría a descubrir y conocer con imágenes y relatos, los horrores y crueldades de estos sitios. Hace 75 años Marshall Levin, periodista norteamericano, y Eric Schwab, fotógrafo francés, eran los primeros en ingresar al campo de concentración de Ohrdruf, convirtiéndose en testigos de primera mano de la muerte y la crueldad. El mundo se escandalizó y horrorizó, con justa razón. La opinión pública no podía aceptar que aquello fuera real. El general Patton, reconocido por su figura dura, debió separarse de la delegación por unos minutos e ir a vomitar detrás de una barraca, según cuenta en sus memorias.

Descubrir un lugar donde los seres humanos son torturados y asesinados es algo que no puede dejarnos inmóviles ni callados. Ello sería el signo de la más grave y preocupante deshumanización. Sin embargo, tristemente algo así ocurre en nuestros días. Hoy, el mundo calla y los medios se muestran indiferentes ante la existencia de lugares similares de horror, salvando las diferencias, claro está. En la actualidad se asesina con “guantes blancos” y hasta con el amparo de leyes irracionales.

El martes último se dio a conocer el vídeo que contiene imágenes del testimonio jurado de empleados de Planned Parenthood, la multinacional impulsora de la industria del aborto, con clínicas en Estados Unidos y otras partes del mundo. En las declaraciones, los trabajadores reconocen que en muchos casos los bebés sobreviven a la intervención, pero que los dejan morir.

En el video encubierto realizado por el Center for Medical Progress (CMP), la gerente de adquisiciones de Advanced Bioscience Resources (ABR), Perrin Larton, una de las figuras que aparecen en los primeros videos de CMP, dice que los fetos “intactos” son entregados, según recoge un artículo publicado por la agencia Aciprensa.

En cuanto a si “intacto” significa que un niño sigue vivo cuando el cirujano “hace una disección” para obtener las muestras de tejido deseadas, en la declaración Larton niega haber visto signos de movimiento, pero admite: “Puedo ver corazones que no están en un POC (Producto de la Concepción) intacto, que laten independientemente”. Horroroso.

Hoy, la multinacional Planned Parenthood es investigada por la comercialización de tejidos humanos y la extracción y venta de órganos de niños asesinados en el vientre materno, después de años de saberse de su actividad. Son campos de exterminio modernos. Sitios en donde se practican el crimen ante el silencio y la aceptación de la sociedad y los medios de comunicación.

¿No deberíamos escandalizarnos ante lo que suceden en las clínicas legales e ilegales de aborto?, ¿acaso no corresponde asumir que estamos instalando, de forma errónea e inexplicable, el asesinato como derecho?

Hace 75 años el mundo pudo conocer con certeza lo que ocurría detrás de los muros de los campos de concentración. Hoy, al igual que entonces, tenemos imágenes y testimonios del terror aplicado contra inocentes. Nos corresponde actuar y volver al uso adecuado de la razón, aceptando aquello inviolable que es la vida; no importa la etapa en la que se encuentra, el color que tenga o el defecto físico que posea. Destruir un ser humano nunca será un camino apropiado, y mucho menos, honorable y digno para avanzar como sociedad.

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