27 feb. 2024

López y Horacio Cartes

Por Guido Rodríguez Alcalá

Guido.jpg

En el Paraguay existe la manía de la historia. Cada vez que un político quiere justificarse, dice que está en la línea de los Comuneros, del doctor Francia o de Carlos Antonio López; cada cual con su edad de oro. Ahora nos proponen volver a los tiempos de don Carlos, cuando este era el país más próspero del mundo. Declaraciones del ministro de Cultura, Fernando Griffith.

Según el ministro, no había esclavitud en tiempos de don Carlos. Falso. La esclavitud se abolió solo parcialmente por el decreto de libertad de vientres (noviembre de 1842), firmado por el entonces cónsul López. Por el decreto, los nacidos a partir del 1 de enero de 1843 quedaban libres a los 25 años (los varones) y a los 24 años (las mujeres). Sin embargo, los nacidos antes de 1843 siguieron siendo esclavos; todavía en 1868 quedaban esclavos en el Paraguay, según documentos del Archivo Nacional.

En el Archivo no existe ninguna prueba de que, con López, el analfabetismo hubiera llegado a cero, como dice el señor Griffith. Por entonces no había estadísticas sobre analfabetismo, que debía ser alto. En 1811 era muy alto: se estimaba que el 90% de la población de España era analfabeta, y el porcentaje aún mucho más elevado en las colonias americanas de España. En el siglo XIX no había alfabetización en guaraní, y como la gran mayoría de los paraguayos (más del 90% según ciertos autores) hablaba solamente guaraní, esa mayoría era analfabeta. En el siglo XIX, las niñas paraguayas no iban a la escuela, o sea que llegaban a adultas analfabetas, excepto quienes tomaban clases particulares, las de familia adinerada (una minoría). Don Carlos hizo mucho por la educación, excepto milagros, porque no era Dios.

López tuvo una política nacionalista. Contrató técnicos extranjeros para hacer un trabajo estrictamente técnico, dentro de un programa definido por el Gobierno paraguayo. Él no hubiera permitido que ninguno de esos técnicos le escribiera sus discursos (se bastaba solo), ni que le impusiera los programas de educación, ni la política económica, ni los planes de desarrollo. El crecimiento económico de aquellos tiempos se logró sin endeudamiento externo y concesiones a factores de poder internacionales.

Pese a la recomendación del ministro, la de volver a López, la política de Horacio Cartes es desnacionalizadora: quiere que el Paraguay sea atractivo (“una mujer fácil”) para los inversionistas internacionales. En esa línea negocia un acuerdo internacional secreto llamado TISA (siglas en inglés), sobre el cual hay buena información en intenet (https://actualidad.rt.com/actualidad/179134-amenazas-tratado-secreto-servicios-tisa-wikileaks). Son mayormente filtraciones de WikiLeaks sobre el carácter desnacionalizador de TISA, que pretende beneficiar aún más a las empresas multinacionales, y que merecen la atención de la ciudadanía.

Más contenido de esta sección
El mandatario decidió crear el fondo nacional de alimentación escolar esperando un apoyo total, pues quién se animaría a rechazar un plato de comida para el 100% de los niños escolarizados en el país durante todo el año.
Un gran alivio produjo en los usuarios la noticia de la rescisión del contrato con la empresa Parxin y que inmediatamente se iniciaría el proceso de término de la concesión del estacionamiento tarifado en la ciudad de Asunción. La suspensión no debe ser un elemento de distracción, que nos lleve a olvidar la vergonzosa improvisación con la que se administra la capital; así como tampoco el hecho de que la administración municipal carece de un plan para resolver el tránsito y para dar alternativas de movilidad para la ciudadanía.
Sin educación no habrá un Paraguay con desarrollo, bienestar e igualdad. Por esto, cuando se reclama y exige transparencia absoluta en la gestión de los recursos para la educación, como es el caso de los fondos que provienen de la compensación por la cesión de energía de Itaipú, se trata de una legítima preocupación. Después de más de una década los resultados de la administración del Fonacide son negativos, así como también resalta en esta línea la falta de confianza de la ciudadanía respecto a la gestión de los millonarios recursos.
En el Paraguay, pareciera que los tribunales de sentencia tienen prohibido absolver a los acusados, por lo menos en algunos casos mediáticos. Y, si acaso algunos jueces tienen la osadía de hacerlo, la misma Corte Suprema los manda al frezzer, sacándolos de los juicios más sonados.
Con la impunidad de siempre, de toda la vida, el senador colorado en situación de retiro, Kalé Galaverna dijo el otro día: “Si los políticos no conseguimos cargos para familiares o amigos, somos considerados inútiles. En mi vida política, he conseguido unos cinco mil a seis mil cargos en el Estado...”. El político había justificado así la cuestión del nepotismo, el tema del momento.
A poco más de dos semanas del inicio de las clases en las instituciones educativas oficiales, nos encontramos frente a un desolador y conocido panorama: el abandono de las escuelas públicas. En un rápido recorrido de UH por algunos establecimientos se comprueban pisos hundidos, techos con goteras, letrinas en vez de baños, sin acceso a energía eléctrica o agua potable. Ese es precisamente el estado de la educación pública en el Paraguay, un país desigual que les niega las mínimas oportunidades a sus niños y jóvenes.