04 jun. 2026

Lollapalooza Chile... y al séptimo año, disfrutó

Santiago de Chile, 1 abr (EFE).- A base transitar por los senderos del eclecticismo musical, Lollapalooza Chile se ha convertido en un “salón de la fama” por el que desfilan algunos de los mejores exponentes de la música actual.

La banda estadounidense Cage the Elephant se presenta, este 1 de abril de 2017, en el festival de música Lollapalooza 2017, en Santiago (Chile). EFE

La banda estadounidense Cage the Elephant se presenta, este 1 de abril de 2017, en el festival de música Lollapalooza 2017, en Santiago (Chile). EFE

El pop independiente, el rock en estado puro, las vanguardias sonoras, los dj’s de moda, el hip hop desafiante, la nostalgia tecno y otros hallazgos pendientes de patente se han dado cita a lo largo de las siete ediciones chilenas del festival engendrado en 1991 por el histriónico y carismático líder de Jane’s Addiction, Perry Farrell.

Da igual que sea el indie rock de Artic Monkeys, el post grunge de Foo Fighters, el dubstep de Skrillex, el synth pop de New Order o el rock sureño de Alabama Shakes.

Lollapalooza siempre congrega a una multitudinaria parroquia de fieles seguidores dispuestos a participar de la liturgia de los puños en alto, los estribillos a capella y los saltos sincopados.

Nacido en 2011, el mismo año en que cientos de miles de jóvenes se echaron a las calles para protestar por un sistema educativo heredado de la dictadura, Lollapalooza Chile se ha consolidado como la fecha más esperada del calendario musical.

Este sábado y domingo el festival alcanzará la edición más concurrida de su historia, cuando en el destartalado pero inmenso parque O’Higgins de Santiago se den cita 160.000 personas, 20.000 más que en las dos ediciones más exitosas anteriores, las de 2013 y 2016.

Hace poco que el otoño ha asomado a la capital chilena. Los días encogen inevitablemente. Santiago se viste cada mañana de estrés y nostalgia mientras piensa “lo ligera que pasa la maldita primavera”.

Pero a los amantes de la música todavía les queda una última oportunidad para soñar que el verano ha cambiado de opinión y prefiere quedarse.

Será por las guirnaldas de flores plastificadas que las casi adolescentes portan en la cabeza buscando el imposible efecto de la uniforme individualidad.

O porque la agradable, y a veces hasta bochornosa, temperatura a la hora en que el festival abre sus puertas impide pensar en la helada traición de la noche santiaguina.

O tal vez por el ambiente de picnic “hipster” y alternativo, que proyecta una ilusión óptica en medio del cemento y el polvo del espacio urbano donde están instalados los siete escenarios del macrofestival.

Sea lo que sea, la Babel sónica nacida en 1991 como un festival errante por Estados Unidos y que veinte años después, en Chile, vio la luz por primera vez fuera de ese país ha conseguido auparse al Olimpo de los espectáculos musicales.

Womad, Primavera Fauna, Frontera, Rock Out, Spring Fest, Creamfields, Scream Fest, Mysteryland, Legalize. La oferta de festivales es sorprendentemente abundante y exitosa en un país de 17 millones de habitantes, con un desempleo juvenil que ronda el 20 % y donde el salario mínimo son 400 dólares.

El secreto quizás sea que el 78 % de los chilenos siente interés por la música, y cuanto mas jóvenes, más pasión, como evidencia el hecho de la media de edad en Lollapalooza sea de 23 años, menos de la mitad de los que tienen el cantante de Metallica o el líder de Durán Durán, dos de las bandas presentes en la edición de este año.

Así que después de meses rascándose el bolsillo para ver a The Rolling Stones, Coldplay, Iron Maiden, Guns N’Roses, Scorpions y Black Sabbath, lo extraordinario es que queden ganas (y recursos) para bucear doce horas durante dos días seguidos en una amalgama musical de 67 bandas y artistas.

El festival, que cada vez se parece más a una versión milenial de Woodstock, tiene sus propias reglas, que todo el mundo acata, con más o menos entusiasmo, desde la acertada erradicación de los odiosos “palo selfies” a un eficiente y colaborativo sistema de recogida de basura, y la prohibición de vender y consumir alcohol en el recinto.

Pioneros del Lollapalooza foráneo, los entusiastas fans chilenos le ganaron la mano a sus bulliciosos hermanos de Brasil y a sus rockeros hermanos de Argentina, lugares adonde Lollapalooza llegó en 2012 y 2014, respectivamente.

Años y años de estar apartados de los circuitos de las giras internacionales de las grandes bandas y artistas mundiales forjaron el espíritu austero y sufridor de los fans chilenos, que ahora se toman la revancha.

Metallica, The Strokes, The 1975, The Weeknd y Two Door Cinema Club forman parte del desquite de este séptimo año. Ahora toca disfrutar.

Manuel Fuentes

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