Opinión

Lo que no tiene perdón

Alfredo Boccia Paz — @mengoboccia

Alfredo Boccia Paz Por Alfredo Boccia Paz

Es tarde para culpar a este Gobierno de los errores del pasado. Hace un año ya era evidente que los primeros soplos de la pandemia arrasarían una estructura sanitaria escuálida, abandonada por la desidia de muchas décadas. Pero también sabían que eso no ocurriría de inmediato, tendrían tiempo para prepararse.

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Resulta ocioso volver a criticarlos por lo que dejaron de hacer. En realidad, aumentaron sustancialmente el número de camas de terapia intensiva, acertaron con los albergues sanitarios y lograron armar varios pabellones de contingencia.

Conociendo el genoma colorado, tampoco vale la pena recordar el error de no blindar la compra de insumos de la angurria de corruptos dispuestos a lucrar con las urgencias sanitarias. Era previsible que no castigaran a los culpables. La impunidad forma parte esencial del código genético de la ANR.

No se dieron cuenta de que el Covid creó un nuevo ambiente de malhumor social e intolerancia al robo. Lo pagaron con un hartazgo ciudadano fenomenal, que lo pudieron sentir en las calles y en las redes sociales. Ni siquiera esto les sirvió para que cambien.

Con las terapias repletas, familias agolpadas en los hospitales y falta de medicamentos esenciales, la respuesta de Mario Abdo y su gabinete fue lenta e ineficiente. Tardaron en liberar los fondos y apaciguar el dramático pedido de los familiares. Hasta eso se podría perdonar, aceptando el dudoso argumento de que la situación los había tomado por sorpresa.

No ganamos mucho lamentando el fracaso paraguayo en la compra de vacunas. El Gobierno confió demasiado en el mecanismo Covax y no preparó planes complementarios, como sí lo hicieron todos los otros países de la región, sabiendo que el mecanismo solo prevé cubrir a un porcentaje de toda la población.

Ya pasó. Las vacunas tardan, pero están llegando de a poquito. Es decir, este Gobierno tuvo, una vez más, todo el tiempo del mundo para prepararse y ejecutar un maravilloso programa de vacunación que lavara su cara.

Al fin y al cabo, nada más fácil. Las vacunas llegan de a puchitos, dando tiempo a preparar su aplicación en grupos etarios segmentados y poco numerosos. Una correcta y ordenada distribución de las vacunas podría reconciliar a este Gobierno con la gente.

Es más, cuando el Covid se está llevando más de cien almas por día, esta debería haber sido la prioridad de Abdo.

Ya que no hicimos bien todos los pasos anteriores, hagamos brillante el proceso de vacunación, diría cualquier asesor político.

Bastaría con ordenar una economía de guerra y convocar a todo el Gobierno a apoyar a los funcionarios del Ministerio de Salud. No dejarlos solos en una gestión que requiere apoyo en áreas informáticas, logísticas, de recursos humanos y de comunicación. La vacunación en Paraguay debería haber convocado a voluntarios, estudiantes de carreras vinculadas a la salud, militares, asociaciones y clubes. Todo el Estado debería haberse volcado a fortalecer la salud.

Los vacunatorios deberían estar en lugares seguros, amplios, ventilados, con el propósito de no arriesgar la salud de los ancianos. La colaboración de las municipalidades no debería depender de iniciativas voluntaristas, sino de un plan coordinado por el Gobierno Central.

La comunicación debería ser clara y difundida por todos los órganos de los que dispone el Estado.

Tuvieron tiempo para hacerlo bien y nos ofrecen un sistema de agendamiento ineficaz que aglomera a personas en unos sitios y deja desiertos otros. A poco de comenzar emergen decenas de irregularidades. Los mensajes de confirmación nunca llegan. En síntesis, lo mismo de siempre.

Ni el Covid-19 ha logrado que, por una vez, se pongan del lado de la gente. Es este un gobierno hostil, sin la menor empatía con su población sufriente. Esto es lo que no tiene perdón.

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