Por Esteban Aguirre Barrail - Director Ojo de Pez SA |
Tuve la grata sorpresa de toparme con el escritor Hernán Casciari, según algunos el creador de la blogvela. Lo conocí a través de un regalo de una diminuta amiga. Ya había escuchado de su libro Más respeto, que soy tu madre, luego cerré el ciclo necesario para entender a este señor al leer su renombrado blog Orsai.com, que taladró mi cerebro como campaña publicitaria llevándome a la compra compulsiva de todos los libros publicados por él. Arranqué la lectura de estos libros con estilo oriental guaireño (de atrás para delante), con El pibe que arruinaba las fotos, último libro del autor. En todas las líneas de este libro puedo decir que me encontré. No me pasaba eso desde que Obélix y Astérix me tentaban con bruto festín y yo sin edad para tomar esa pócima de vino tinto. Apenas lo terminé, levanté el teléfono y le dije a mi hermano “Ahora: AHORA tenés que leer esto”. Por suerte, al sentir el candor fraternal en mi voz me dijo: “Ok”. Horas más tarde me encontraba merodeando las hojas de Casciari a través de los ojos de mi hermano, quien también se encontró en el libro. Fue en la página 83, en la que decidimos tomar algo juntos en el recreo del colegio universal retratado por El pibe que arruinaba las fotos. Es extraño encontrarse en un libro, un lugar lleno de palabras. En la era del videollamadas, un libro parecería el último lugar donde encontrarse. Cuando esto pasa parece que el respeto al autor que te escribió el mapa a tu ser interior crece con un batido de cerelac, nestum y dos huevos de codorniz. Es así. Veneras al hombre detrás del lápiz. Me di cuenta de que tal inmersión en la vida ajena, sólo puede ser comparada con fanatismo a grandes escritores. Conozco gente que durmió en la vereda de Hemingway sólo para decir que lo hizo, o algunos maquilladores de la verdad que dicen haber visto a Cortázar pedir un cortado “rayueleando” sobre una servilleta. No estoy diciendo que Casciari no sea un gran escritor, todo lo contrario, sólo reflexiono sobre la diferencia de velocidad en el cual los textos ajenos nos impactan. Hoy, al leer un libro sobre las citas célebres de Hemingway uno quiere salir corriendo a tatuarse su barba en el pecho.
Me pregunto qué hubiese sido de Ernest si hubiera tenido un blog a su disposición. En el caso del creador del blog Orsai.com la inmediatez de conocerlo arranca en la primera hoja.